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EXPLICAR EL MUNDO A PARTIR DE LOS PROPIOS CONOCIMIENTOS

Laurentino Lucas Campo

 

Las primigenias sociedades, para realizar su vida, por muy básica que fuera, se valieron del conocimiento para identificar su mundo circundante. Desde la básica necesidad de consumir alimentos, los seres humanos necesitaron saber qué semillas, hierbas o animales podían ser consumidos y cuáles no. Para atender la necesidad de un techo, las sociedades aprendieron a construir sus viviendas utilizando los materiales ofrecidos por la naturaleza. El paso de sociedades nómadas a sedentarias permitió la invención de la agricultura para obtener diferentes tipos de alimentos, lo cual a su vez llevó a identificar el periodo del año cuando se debían realizar la siembra, el cuidado y la cosecha. Asentarse en un cierto territorio permitió conocer el efecto de los fenómenos de la naturaleza. Todo lo anterior permite identificar que prácticamente todas las sociedades, en los distintos contextos a lo largo del planeta, necesitaron conocer su alrededor, la flora y fauna existente, así como la manifestaciones climatológicas de la naturaleza.

Estos conocimientos se desarrollaron durante, no años ni centurias, sino milenios. Desde que apareció en la faz de la Tierra, el humano conformó agrupaciones, sociedades cada vez más amplias y complejas. Como resultado, el conocimiento también se fue perfeccionando.

El ser humano ha sido capaz de transformar el mundo de acuerdo a sus intereses y necesidades; mediante el uso del cerebro los seres humanos hemos tenido la posibilidad de ir modificándolo y conformándolo.

 

Dando un salto amplio en el tiempo, en los inicios de la modernidad, la figura del ser humano se tornó central para una nueva concepción del mundo; debía echar mano del conocimiento para procurar su bienestar y progreso. Del conocimiento organizado y sistematizado derivaría la ciencia, la cual permitiría a las sociedades europeas, y luego a otras sociedades, desarrollar un modo de vida fundamentado en la organización del conocimiento, de cuya comprensión y dominio derivaría el aprovechamiento de los recursos del mundo. El conocimiento científico adquirió una legitimidad casi incuestionable, y se supuso que tendría como resultado la atención de de la vida, que se realizaría plenamente siempre y cuando el conocimiento científico se pusiera en práctica.

De manera gradual en los últimos trescientos años se ha ido sedimentado la idea de que el conocimiento científico es la mejor manera de explicar los distintos aspectos del mundo y de generar soluciones a las problemáticas existentes. Si si se ubica este argumento dentro del amplio desarrollo de la civilización humana, nos encontramos con que, ya antes de los científicos, ha existido otro tipo de conocimientos con más de trescientos años de existencia.

Las sociedades que conforman a la civilización humana se han desenvuelto a lo largo de centurias y de milenios, permitiéndole un acervo de conocimientos que, además del científico (relativamente reciente) han dado a los hombres elementos cognitivos para comprender y explicar, así como atender y solucionar los desafíos de la existencia. Sin embargo, mediante un fundamento ideológico se ha establecido que el científico está por encima de los otros conocimientos existentes, si bien permiten comprender y atender problemáticas distintas. En este punto es imperativo reconocer que ningún tipo de conocimiento, incluyendo el científico, puede atender y solventar todas los desafíos. Es necesario reconocer la existencia de diferentes modalidades de conocimientos para tener clara su incompletud y su necesaria complementariedad.


Se ha caracterizado al conocimiento científico como implícitamente benéfico, incluso se extendió el argumento de su neutralidad. Este supuesto reproduce de manera continua en el discurso de la difusión de la ciencia como un tipo de conocimiento dominante. El conocimiento no se desvincula de valores, posturas y condiciones sociales, económicas o políticas. El conocimiento científico ha contribuido, en alguna medida, a reproducir una visión del mundo que enfatiza sus bondades en detrimento, hasta la negación y el exterminio, de otros conocimientos. Y como los conocimientos no están separados de las sociedades que los construyen, práctican y reproducen, hay sociedades en cuya experiencia histórica particular han modificado y adaptado sus conocimientos.

Quiero destacar el dominio de una porción del mundo sobre otras sociedades, subordinando los cuerpos y también las subjetividades y los conocimientos que conforman su bagaje cultural. Ésa ha sido la experiencia histórica de los pueblos originarios. Sus sociedades han sido soterradas, y sus conocimientos tratados y señalados con la marca del estigma.

A pesar de estas condiciones adversas, las sociedades originarias han navegado por las rutas del tiempo enfrentando obstáculos y soportando vendavales, sobreviviendo a la adversidad. De ese modo, también sus conocimientos han podido ser resguardados, con cambios y modificaciones, permitiéndoles ser sociedades con características particulares que logran hacerse presentes en el momento contemporáneo en adaptación contínua.

 

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| Laurentino Lucas Campo, escritor totonaku radicado en la Ciudad de México. Publicó anteriormente en este suplemento

(http://ojarasca.jornada.com.mx/2016/04/07/desde-la-pertenencia-a-los-pueblos-originarios-un-testimonio-totonaku-1702.html).

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