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EL GRAN SECRETO ZOQUE

Yollotl Alvarado y Tania Ximena


» DE CÓMO LAS DESGRACIAS DEL VOLCÁN CHICHONAL EN CHIAPAS INSPIRARON CANTARES MITOLÓGICOS

» “EN UNO DE NUESTROS VIAJES A GUAYABAL, TRINIDAD NOS MOSTRÓ UN MANUSCRITO QUE HABÍA REALIZADO DURANTE NUESTRA AUSENCIA, DONDE BUSCABA PLASMAR UNA COSMOGONÍA DEL PENSAMIENTO Y ORIGEN DE LOS ZOQUES”


 

Trinidad Díaz Arias:
Aquí es mi corazón/Yä’Kire äj ntzokoy.

Ø Ediciones, México, 2016.
Traducción de José Kordero Jiménez

 

Esquipulas Guayabal fue sepultada completamente por las cenizas volcánicas que el Chichonal expulsó en 1982. Hoy en día, a menos de un kilómetro de distancia del pueblo sepultado, algunos de los ejidatarios originales han regresado a luchar por su tierra e iniciar la construcción de un nuevo pueblo homónimo.

El día que pisamos por primera vez el Nuevo Guayabal conocimos a Bernardo Domínguez, Celestino Domínguez y Don Chebio (Eusebio), quienes nos platicaron el proceso de lucha por el territorio que estaban viviendo, después de haber sido desplazados al poblado de Rayón y haber transitado de una vida rural de relación con la tierra a un entorno más urbano, en el que no podían hacer uso de sus conocimientos sobre agricultura y en el que era mal visto el hecho de que hablaran zoque entre ellos. Relataron también sus vívidos recuerdos de la erupción del volcán y de aquella larga noche de tres días en la que abandonaron el pueblo a pie por distintos caminos y destinos, para sobrevivir a aquella erupción que transformó sus vidas y les trajo más muertos. Nos contaron cómo el gobierno sacaba camiones de café y ganado antes que personas. Recordaron un “respiradero” del volcán que había cerca de sus tierras, donde notaron que empezaron a morir animales por los vapores que salían. Nos hablaron de los temblores previos a la erupción, así como la historia de una mujer llamada Pyowbachue, quien deambuló, habló, bailó, comió e invitó a muchos integrantes de la comunidad a su fiesta el 28 de marzo (día que el volcán hizo su primera erupción), y luego, furiosa por el rechazo de la comunidad, caminó hasta las faldas del volcán, adentrándose en él y convirtiéndose así en “encanto” o dueña del volcán.

Después de platicar con ellos, conocimos a la comunidad en la asamblea. Nos presentamos y platicamos nuestra visión del volcán y las ganas de conocerlos e intercambiar saberes y experiencias. Durante esa asamblea vimos el primer atardecer y la entrada de la noche desde el pueblo, notando la ausencia total de luz eléctrica.

Al finalizar la asamblea se nos acercó un hombre de estatura baja y pelo largo, botas pequeñas de hule y sonrisa amplia. Nos invitó a tomar café y pan a su solar, y así fuimos descubriendo a Trinidad durante el primer largo monólogo que nos recitaba aquella noche. Habló de su interés en la poesía, y a la luz de la vela nos leyó fragmentos de sus manuscritos borrosos y humedecidos por el ambiente de Guayabal. Recordó a los viejos que conoció y que le enseñaron algunas de las palabras floridas del pueblo zoque, y expresó su angustia de que no estuvieran escritas y que no continuaran replicándose en la tradición oral. En sus palabras había unas ganas de acceder a esa profundidad de la cosmogonía zoque.

 

Trinidad hablaba también mucho de sus sueños, de la importancia del sueño en la tradición zoque, de cómo sus sueños habían sido presagios en su vida. Que soñó antes de escribir, que había soñado la muerte de miembros de la comunidad antes de que sucediera, el embarazo de su compañera, soñó con las violentas disputas a las que se enfrentó cuando llegó a Guayabal para recuperar la tierra en la que nació su abuelo, quien falleció por las oleadas piroclásticas del volcán en la tercera erupción. Esa noche nos contó un sueño en el que había cámaras fotográficas y personas mestizas a su lado; él tomaba la cámara y hacía imágenes, y al verlas se sorprendía porque ignoraba que tenía la capacidad de hacer imágenes tan buenas. “Soñé que ustedes vendrían”, concluyó. Vimos en Trinidad la capacidad de trascender el carácter individual que el onirismo tiene habitualmente, para convertirse en una experiencia colectiva o en un relato histórico.

Conocimos a muchos de los integrantes de la comunidad y notamos que había en algunas personas un rencor muy grande con el volcán, y por lo mismo una fuerte desconexión con el territorio. La historia de la erupción, la migración y la lucha por el territorio no estaba completamente sabida ni apropiada por toda la comunidad. Se respiraba un deseo grande de resignificar su relación con el complejo entramado de relaciones humanas, geográficas y socioculturales que es ese espacio, y con los usos y costumbres zoques que practicaban con mayor claridad antes de la erupción.

El cruce de nuestros intereses y deseos con los de la comunidad de Guayabal empezaron a tejerse desde distintas perspectivas, punteando y compartiendo procesos de organización que sucedían en otros territorios, como la lucha y construcción autonómica de Amilcingo en Morelos; la organización de cooperativas productivas y de turismo alternativo en la costa de Oaxaca; los saberes volcanológicos que Mariana Patricia compartió con la asamblea; los conocimientos del físico y pedagogo Wilfrido Gómez, compartidos en talleres con niños de la comunidad, en su mayoría de familias tsotsiles que apoyaron la lucha y que actualmente viven en Guayabal; la escritura de la historia de la disputa por el territorio, realizada a través de entrevistas a los fundadores del nuevo poblado y para uso interno de la comunidad; la realización de una película documental experimental.

En uno de los viajes que realizamos a Guayabal, Trinidad nos mostró un manuscrito que había realizado durante nuestra ausencia, en el que buscaba plasmar una cosmogonía o génesis del pensamiento y origen de los zoques, lo que Trinidad llama “el secreto zoque”. A su lado hicimos algunas lecturas del texto y nos dimos a la tarea de editar el manuscrito y publicarlo en español y en zoque. El texto plasma de forma potente y poética la historia cosmogónica de los zoques, presentando a los nahuales que protagonizan la historia y las batallas míticas que se libraron en los alrededores del volcán. Uno de los aspectos que más nos interesa del manuscrito es la similitud que guarda con los acontecimientos que sucedieron antes, durante y después de la erupción del volcán Chichonal en 1982, pues al recrear este imaginario zoque, Trinidad logra reflexionar y pensar sobre el presente de la comunidad.

 

 

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