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SIGUEN ASESINANDO A DEFENSORES DEL TERRITORIO / 242

La violencia ha resultado el gran nivelador de los mexicanos, logro macabro que debemos a los presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña por su incomparable conducción del país. Nadie ha llevado el timón como ellos. Carecemos de casos comparables de irresponsabilidad e ineptitud. Y en materia de gobiernos nada pinta para cambiar. Campaña tras campaña y comicios tras comicios, el Pripán y su consorcio de partiditos han dejado claro que no soltarán.

Como en todo lo demás, en esta nivelación de clases y regiones bajo el signo del miedo y la muerte seguimos siendo un país desigual. Los pueblos originarios, llamados indígenas, que hablan “dialectos” hasta que se “civilizan” y aprenden inglés, son perseguidos y ninguneados históricamente, y ahora que la guadaña del horror tala parejo, a ellos les va peor. Y a la vez no. Poseen la tierra o luchan por ella, mientras los sicarios carecen de raíz y encarnan la patética envidia del capitalismo a los que de la tierra son. El abandono y el cinismo de los políticos encuentran su doble en el poder criminal propiamente dicho, que los deja como sus caricaturas. (¿Habrá pronto un presidio exclusivo para ex gobernadores del PRI?).

Se confunde con el crimen organizado la estructuración del país en términos de represión violenta (¿qué otra cosa son los atentados contra defensores y periodistas?), con la Armada y el Ejército a cargo de la seguridad interna de un Estado en descomposición. Véase la tragedia de Iguala. Siguen cobrando las vidas de admirables defensores de los territorios indígenas. Apenas en enero cayeron Isidro Baldenegro y Juan Ontiveros en la sierra rarámuri (y en marzo la reportera Miroslava Breach, en una secuencia de hechos que no pueden ignorar quienes investigan estas muertes). El 20 de mayo, dos representantes wixaritari de Jalisco que defendían sus territorios corrieron la misma suerte.

El CNI y el EZLN, al repudiar el asesinato de Miguel Vázquez Torres y Agustín Vázquez Torres, de la comunidad wixárika de Waut+a San Sebastián Teponahuaxtlán, “a manos de sicarios de la delincuencia organizada”, señalan que esto “no pudo ser sin la complicidad absoluta de los malos gobiernos en todos sus niveles, pues la riqueza de su tierra es ambicionada por los poderes del capital que no conoce límites y usa a sus grupos narcoparamilitares”. El comunicado subraya el trasfondo: San Sebastián lucha por recuperar unas 10 mil hectáreas invadidas por supuestos pequeños propietarios de Huajimic, Nayarit, “cobijados por la determinación de los gobiernos capitalistas de fingir que dialoga mientras viene sembrando una salida sangrienta a este conflicto, disfrazándolo de cárteles de la droga, de indefinición de límites estatales o municipales, de mesas mentirosas de trabajo, de entrampados procedimientos judiciales o de supuestas limitaciones presupuestales”. Exigen “el esclarecimiento de este crimen contra todo un pueblo".

Estos crímenes desnudan la proliferación de la delincuencia en la sierra Huichola al cobijo de las instituciones y sectores cooptados de ciertas comunidades. Los que no son Cártel Jalisco Nueva Generación son Zetas, o lo que se ponga ¿y qué me ves? En los meses recientes fueron ultimados ocho comuneros wixaritari. Lo esencialmente político del hecho es la gratuidad (banalidad) con que se asesina allí y en otras partes del país.

Las citadas organizaciones indígenas confían en que los ataques nunca lograrán detener a las comunidades: “el tejido que mantiene vivos a los pueblos originarios sostiene también la esperanza de que estamos, juntos, construyendo para que un nuevo mundo nazca de la resistencia, la rebeldía y la determinación de seguir existiendo”.

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