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TAMBORILERO / TÈ KÚTÙN’ ÑÚÙ’

UN RELATO ORIGINAL TÙ’ÙN SÁVÌ

Su vida de casado se ha vuelto por demás muy complicada. Mañana tras mañana se levanta muy temprano para ir al campo. No aclara todavía y ya se ha levantado y el café ya ha sido preparado para él. Su mujer está al lado de la olla, revisándola y enfriando el café.

Ella de verdad que le parece muy bonita pero justo ahora empieza a entender lo que implica cuidarla. La vida es muy dura aquí; nada perdona. Ella es muy hermosa y este campo no la perdonará por ese simple hecho. Se la comerá, la tostará y al final la secará como a las plantas en tiempo de secas. Su vida como casada no será nada agraciada. Pensando eso y contemplándola a ella, tomó su machete, recogió su sombrero y salió al campo.

El día de hoy le tocaba chaponar. Sería uno de los tantos que caminaban rumbo al mismo destino. Sería rasgado por los espinales. Se espinará, tanto en el pie como en las manos, le picarán las hormigas, posiblemente las abejas, de encontrarse con ellas. No tiene más opción, se alquiló para peón. Las secuelas pudieran ser que se hinche su cara, mas eso no es mucho problema. El mayor miedo consistía en las malditas víboras. Ellas sí que no perdonaban. Si resultaba ser una mazacuata no había problema, ellas no pasaban de que te chicotearan y eran augurio de buena cosecha. Las malditas son las de cascabel. Con el frío de esta zona se movían ya muy tarde y por lo mismo, a la hora de chaponar todavía estaban acurrucadas. No hacían sonar su cascabel sino cuando ya era demasiado tarde. No se lograría llegar muy lejos porque su veneno era muy potente. Estas eran algunas de las cosas con las que te enfrentabas a la hora de alquilarte como peón y no podías rehuir a ellas. Ponerte en la parte más descubierta, eso era sinónimo de flojo y holgazán. Los tenidos en mayor honra y prestigio eran los que chaponaban en la zona más tupida, en donde había mayor peligro, pero a la vez era a ellos en quien recaía el mayor prestigio como hombre trabajador. Uno entonces no podía quedarse atrás, tenía que meterse a esa zona, tratar de estar al nivel de ellos. Uno como recién juntado tenía que ganarse el respeto de los demás hombres.

En todo ello pensaba cuando llegó al lugar. Saludó a los demás y empezó a chaponar. Cortó árboles, espinales grandes, sudó a mares con el calurón de los grandes bosques. Llegada la hora del almuerzo, comió como si fuera su última comida, le regalaron todavía más caldo y se lo comió todo y prosiguieron con la ardua tarea. Al medio día se tomó su enorme jícara de chilate. El calor del medio día era sofocante en ese bosque que estaba siendo cortado. Descansaron un rato y continuaron con la gran faena. El trabajo terminó cuando ya bajaba el sol. Él estaba a punto de desfallecer y para sus adentros agradeció que pararan ya.

El que los había contratado empezó a platicar con cada uno de los peones y a preguntarles en qué consistiría su paga. Pensaba en qué podría pedirle por su labor. Necesitaba jabón tan sólo para bañarse hoy, necesitaban arroz y también manteca para freír el frijol, necesitaban también panela. Necesitaban muchas cosas pero ya habían pedido panela aquella vez. Por eso vino como peón por esa deuda. Justo en ello estaba cuando llegó el señor y le dijo:

–Te hablo mi estimado Cristóbal, mucho te agradezco que hayas venido hoy a ayudarnos.

–No hay de qué amigo, aunque no avanzamos mucho. El monte nos ha ganado, queda mucho sol como para trabajar todavía, ¿no crees?

Así lo decía aunque para sus adentros ya no quería saber nada del trabajo. Así hablaban los de mayor experiencia. Así tenía que decirlo él también; aunque sus manos temblaran por el gran esfuerzo que habían hecho.

El señor le contestó a su pregunta:

–No, no pasa nada amigo. Ya hemos chaponado mucho por el día de hoy. Si no hubieras venido tú, quizás siquiera hubiéramos avanzado tanto. Así está muy bien, además de que es muy tarde ya. Descansemos por el día de hoy.

–De verdad piensas que eso es lo acertado. Hay mucho sol todavía y yo tengo mucha energía; habría de chaponar.

–No, no, no es necesario ya amigo. Así está bien.

–¿De verdad?

–Sí.

Una vez terminada esta parte protocolaria, le preguntó por el pago de su trabajo.

–Me preguntaba, mi estimado Cristóbal. En qué forma podré pagar el que me hayas ayudado hoy, ya cumpliste con tu parte y ahora me corresponde a mí.

–No hay ninguna cosa que pagar, mi estimado amigo.

–Cómo crees, dime; de verdad. Ya has cumplido con tu parte.

Los dos sabían de antemano la deuda que tenía Cristóbal, pero la cortesía les impedía expresarlo tan descaradamente y menos aun decir por qué se había hecho esa deuda.

–Así está bien. Nos han dado de comer muy bien, tomamos chilate. Nos trataron con la cortesía adecuada. No conforme con eso, yo tenía ya algo pendiente contigo; por eso yo creo que así está bien.

–¿En serio? ¿Pero es eso cierto? ¿Tienes un pendiente conmigo?

–Así es, por eso así queda saldada mi deuda.

–¿De verdad?

–Sí.

–Muchas gracias entonces, aunque hago muy mal yo al cobrarte una deuda de la cual no me acuerdo entonces.

–Al contrario. Soy yo quien hace mal al pedirte cosas a ti, sin que tengas alguna responsabilidad hacia conmigo.

–No, no hay ningún problema, en lo que se pueda ayudar; con gusto.

–Gracias entonces.

Terminada la plática. los peones dieron como concluida la faena. Cada uno de ellos empezó a agarrar por caminos diferentes. Cristóbal con disimulo logró levantarse y salió con camino de regreso a su casa.

Su vida de juntado no llevaba más de dos meses y ya había entendido cómo era la vida de un casado en estos lugares. Comprendía la vida fácil que había llevado con sus padres y volvía a rememorar los consejos:

–Si te traes a una mujer, piénsalo bien. Ella será tu complemento y lo que tú quieras para ti, lo tendrás que pensar para ella también.

Mas no hizo caso de eso. Cuando se la robó se sintió como uno de los hombres más afortunados del pueblo pero ahora empezaban las penurias de una larga vida de sacrificios. Ella se veía muy bonita cuando la conoció y cuando se la trajo a su casa, pero ahí ya no pudo vivir porque era ya un hombre.

Cuando estaba con sus papás, todos lo veían como un niño. Era un niño, pero ahora ya no; eso era imposible. Estaba entrando a los treces años, el año pasado había egresado de la primaria pero ahora se había vuelto un hombre.

Cuando todavía no se había traído a la muchachita, todos lo conocían como el niño tamborilero. Era el niño que andaba con los músicos de fiesta en fiesta. Tocaban a los santos patrones en cada fiesta. En la fiesta patronal del pueblo de la niña, ahí la conoció. Le dijo sobre sus intenciones y ella aceptó venirse con él. Acabada la fiesta, se trajo su tamborcito y con él a su mujer. Ella no cumplía los trece todavía pero aceptaba ser su mujer, se convertía en una mujer también. Posiblemente el año entrante que viniera otra vez, sería ya padre.

Caminó despacio y tomó camino con rumbo a su casa. Su cansancio era mucho. Una vez llegado a su casa, tomó un pedazo de jabón que quedaba todavía y se fue al río. Llegado a él, se sumergió y quedó largo rato descansado de todo. Se empezaba a sentir vivo otra vez porque de la faena se había traído aguate, que le picaba por todo el cuerpo. Se refrescaba. Metido en el río pensó en lo difícil que era vivir así y más ahora, que ya tenía una mujer a su lado. No podría volver a repetir esta faena de peón todos los días de su vida. Terminó de bañarse, se puso ropa limpia y tomó el camino de regreso a la casa. Era un niño todavía que había adquirido las responsabilidades propias de un adulto, él y ella; así lo habían decidido.

En la casa se sentó a comer y lo que había era frijol con salsa de molcajete. No había más opciones. Cuando vivía con sus papás por lo menos un huevo frito le daban más, ahora si bien le iba había frijol o algunas veces sólo salsita.

Qué más da, pensó.

Se quedará con mis padres. Ellos cuidarán de ella. Tal vez no regrese pronto pero no importa. No podré ni ella podrá con esta vida. Tampoco lo hará nuestro hijo cuando nazca. Pobre de ella, pobre de nuestro hijo, me iré.

Hasta allá iría, al país de los gringos.

 

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TAMBORILERO /TÈ KÚTÙN’ ÑÚÙ’

Ú’vì sàndáà ndò rà ndú’ù rà ñùù ján. Tiáàn tiáàn ní tè satyúùn ndù rà, kuìì ka kàà te xe ndakóò rà, xè nìtyo’ò tán kàfé kò’ò rà te kú’ùn rà. Ìkán’ ndú’ù nè yìvì ján. Lùvì ìxtà’àn káá sù vìtìn xàá rá kùndànì rà ní; ú’vì kù tiàkù è ììn yìvì’. Lùvì káá sù ú’vì yáá kàà vìtìn, kàtyì kà e ná xè nì kì’ìn é ne yívì´. Ìí nà’a ì ra ítyì’ xí’ín xìnì rà’te nì kètà rà kuá’àn ra.

Kívì’ vìtìn ní, tè kùtù kùndù rà, tè tatú kùndù rà. Kàxì yósò’ ñá ìñù kuìì, kí’vì ìñù ndà’á rà xí’ín xá’à rá, kàxì tù ña tiòkó’. Ìyò káxì ña yókò’, ñúñù, sàà kà ndúú a sàkán’; kí’vì pàtyí’ vìtì nùú ra. Tè nè ìyò vìtì ní, kóò tiañá’à. Tì ján ndúú ti kákù xàtyì e. kuánsa na kóò tùún ndù ù rì, tì ján’ ní, kùtún’ vìtì rì yòó. Tì ñà’á va ní; kóò kàà. Ñà’á rí tyìnì sà káxàn rì xíyò´rì ná xè nì ku yàtìn yá’à xàytì é. ndè kéta và’à è ndàvà é. ììn sakáxàn’ vìtì rì xíyò’ rì te kànì rì yòó. Kétà kaa e nùú ìtù tè xè sùkù rì yòó ñù’ú, kòó kà kùvi sàà é. Te xe ndì’ì kívì ñuù ndùù è. Nè ján nà ìyò xe và’à ná tè tátù’ ndùù e, tyìnì kanúú e kuiná é míì và’à káá. Sìnì ka te xá’ndià kú’ù xìxà, tè ján ndúú te xíní satyùùn kátyì te ñù’ù tyùùn tátù’. Nè ján na, kùví’ kendóó kuè’è yòó. Ndèé satyúùn e.

Nè ján xànìnì rà te xàà rà míì satyùún rá jàn. Nì xà’ndià rà ìtùn’, ìñu kuìì, nì kèè tetí’ìn ra. Nì xàà órá nì ndù´ù ra te xìxì rà. Ìin ká’ìn nì xì’ì rà sí’và. Ì’ní’ yòkò yà’á tyìnì kú’ù xìxà ndúú a. ndì’ì xì’ì rà sí’và xàà tùkù rà xá’ndià rá kú’ù. Nàkò ñú’ù ìxkuììn rà. Xàvì sankué’è xàtyì rà.

Xàà te nì yóò te tátu ján ndatu’un rà ììn ndàà tán ììn ndàà tè tátu ján, sàà kòò nè nì satyúún rà xí’ín rà. Kíì nì xàà rà míi ndú’ù tè ján ní; ndá’ kùvì ká’àn kà rà ní. Kúní námà’ kùtyì rà, kúní te lúlú àrró’ kàxì rà na xáa rà vè’è rà, kúní te ììn lítrò xà’àn kínì’ te kàsùn’ ndùtyí’ kùxì rà, kúní pàndá’, kuá’à kúni nùú rà sù; xè yóó kuàytì rà, ììn yùtú’ pàndá’ nì ndùkú’ ne ndú’ù xí’ín rà ìxkí’ìn kívì’. Xá’à nè ján nì kìxì satyúùn rà vìtìn. Nì xàà ra núù rà te nì ká’àn rà xí’ín ra ní:

–Ká’àn i ndò, Tòvá’; tyìndànì và’à já ùn, nì kìxì tyindèé ún yú’.

–Vásà’ ví, mígó. Ndè nì kètá vá’a vi è, ndóó kuá’à kú’ù, tè ndú’ù kuá’à ñù’ú, kùvì kùtù kàà e vá.

Sàkán’ ká’àn rà tyìnì sàkán’ ká’àn sàkúú tè tátu te ndatu’ùn tè yívì’ ján váxì rà. Sù nè ndìxà ní, xàví’ sankué’è xàtyì rà, kìsì a ndà’á rà, koò ka ndèè rà, ndé ììn ndiósí vìtì nì ku ndièní’ rà tè nì kuàà.

Nì ká’àn tùkù sàkán’ tè ján’ xí’ín rà ní:

–Vásà’, vásà’ ká mígó, xè kuá’à kì nì xìtù é, ná kóó ùn nì kìxì ní, te ní xaá ví ndú yòó. Tè xe và’à sò’ò vìtì, xè nì kuàà ká. Nandéè tùkù vìtìn.

–Án sàkán, kátyì yò’ó, sù ndú’ù ka ñú’ù, te vásà’ xàvì yu’ú và. Satyúún ká e nì–

–á’àn, vásà ká mígo. Xi và’à sò’ò vìtì.

–Té sákàn’.

–Ún.

Ndì’ì ne káà vì, te sàkán te nì ndatu’ùn ñà rà xá’à nè nì satyúùn rà

–Ká’ìn ndò, Tòvá’; sàà kòò nè nì satyúùn xí’ín ní, tyìndàní và’à ján ún ní, xè nì yá’à tyùùn núù yú’ và .

–Vásà ví, tè yìvì kuà’à, kòó á kòò.

–Ju’, vásà’ ján ní, ká’àn ní, xè nì tyindèé ún yú’ù và,

Úvì’ sàkán’ ra xíní ní xè yòó kuàtyi rà sù, kà’án ndakú’ xàtyì rá xá’à ján. Ndè ká’àn rà yáá nè xá’à ndùù kuéntà rà.

–Xè và’à sàkán’, nì yóò nè xìxì ndú’ù, nì xì’ì ndú’ sí’và. Nì xìtò và’à ndó’ ndù’ú. tè síìn ká ní xè ndú’ù kuàtyì yú’ù va; né ján na ká’àn yú’ù ní, xi và’à sàkán’.

–Án sàkán re, té ndú’ù ìxtá’àn kuátyì ùn, te kóò a yòò ví.

Ndú’ù a và’, né já ná sàkán vìtì kòò.

–Án sàkán.

–Ún.

–Tyìndàní và’à ján ùn nà sàkán’ ní, kìnì va kúú yú’ù ní, ká’àn ján ì xá’à kuaytì ján ní.

–Vásà’ vì, tyìndàní ján yo’ó nì tyindèè ún yú’ù ní.

–Lúlú vìtì và.

–Tyìndèé xe và’à vá.

–Ún, sàkán’ ní.

–Ún.

–Tyìndàní un, ná sàkán ní

–Kuásà vì é

– Ó.

Te nì ndì’ì nì ndàtú’ùn rà. Te xìkuíìn tyùùn tátu. Ndàà ndáà te tátu ján nì kì’ìn ìtyí’ ján kuá’àn. Kuèè sàkán nì kètà Tòvá’ váxì rà.

Tiá’àn ndì’ì úvì yóò vìnì nàka rà ne séè ndú’ù vè’è rà. Tè xè xàá ra kùndànì rà ní, ú’vì ku tiàkù è. Vìtìn kúndànì rà sàà ví ndó’ò yùvá’ sí’ì rà. Xè nì ká’àn ña xí’ín ra ní.

–ná kúní nàkà ún ììn ndáà nè yìvì’ ní, kòtò và’à ùn tyìnì, kuá’à ñà’à kúní núù nè ján’.

Sù ní xà kuéntà rà, kívì rà kátyì míì rá kìvì’ nì nàkà rà nè yívì’ káà, àmà sù vìtìn ní, xàá rà ndò’ò rà. Síin ká nì, nì kùsíìn rà, nì kúvi ká kundú’ù rà vè’è yùvá’ sí’ì rà. Kívì nì ndú’ù rà núù nè ján ní, tè séé ndùù rà. Tè lúlú vìtì. Tè vìtìn ní, xè tè yívì nàndùù rà.

Sákàn úxì únì kuíyà rà, kuíyà nè nì yá’à káà nì xìnà kóo rà èskuélá. Tè vìtìn ní, xè tè yívì’ nàndùù rà. Sàkán nì ká’àn níma mìí rà,

Kìvì tià’án nàkà rà nè yívì’ ka ndí, tè lúlú kútùn’ ñúu ndùù rà. Xíkà rá vìkó’ xí’ín yàà ñuù rà, tivi rà yáa kà vìkó’ ndiósì’. Sàkán xàà rà tè nàkà rà né séé jàn. Vìkó’ ñuù a ján nì xà’àn rà, nì xìnì ñá rà, nì ká’àn rà xí’ín an. Nì xììn a nàkà ñá ra. Ndì’ì vìkó’; nà’à i rà ñúù te nàkà rà ne séé ján. Tià’án xiná kóo ùxì úvì kuíyà ví a, sù xè nè yìvì’ nàndùù á. Kuáìn te ìngà kuíyà ní té xè yóo sé’è a.

Kuéè sàkán’ náá ra ìtyí’ váxì nú’ù rà, kuéé sàkán’ tè nì xàà rà vè’è rà. Ìí nì nà’ì rà ììn tá’vì námà’ tè nì kètà rà kuá’àn rà yívì’ kuá’àn kútyì’ ra. Kíì nì xàà rà yívì’, sàkò’nì rà ján, và’a`ví ndùkù nì ra tyìní ndì’ì rà xí’nù túmí, nà’á ni náa rà ján. Ìkán’ nì xànìnì rà ní, sàà sà rà tè ku tíàkù rà, kátyì kàvì é vìtìn nè xè yóó ne ndú’ù xí’ín rà. Kundéè rà ná sàkán sàà rà tiáàn tiáàn, xè núù tyùùn ndá’vì kàkà rà. Ndì’ì tyìtyì rà, nà’ì rà tótò’ rà, te nì kì’ìn rà ìtyí’ nàndìkó’ vè’è rà. Tè séé ndùù ján rà kátyì è nà sàkán ní sù; kívì nì kì’ìn rà nè yívì’ ní, nandùù ra tè yívì’.

Kíì xàà rà vè’è rà ní, nakundú’ù rà kùxì rà; ndùtyí’ ndúú xí’ín tèyà’á ni kúun. Kóo a kùxì rà, kíì ndú’ù tàn rà núù yùvà’ sí’ì rà ní; te ndívì nì kàsùn ní, sù yóó tàn nè kùxì rà, vìtìn ní, ndùtyí’ na kóo ní tèyà’á xí’ín íxtà’ sò’ò.

Sàà kà ndúu á, nì xànìnì rà.

Ndóo á xí’ín yùvá’ sí’ì rà, kòtò ñá ña. Téè kìixí átyì’ rà sù sàà kà ndúu à. Kundéè rà kàkà rà sàkán’. Kátyì kà è vìtìn ne xè ñú’u sé’è a. ndá’vì kuáà, ndá’vì tù kúú tè kètù’ jàn. Kú’ùn rà ndè sàà kà nì’,

Ìkán’ kú’ùn rà, ñuù te gríngó.

 

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| Kálé Tè Sávì, o Melquiades Gregorio Porfirio (1985, Ñuù Yòsó’ Tiká’a o San Felipe de Jesús, Ayutla de los Libres, Guerrero) escribe en tù’ùn sávì o mixteco.

 

 

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