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DIVISIÓN ÉTNICA EN LA COSTA-MONTAÑA. OTREDAD NEGRA Y RACISMO EN GUERRERO

Hubert Matiúwàa

    • LECTURA SOCIO-POLÍTICA DEL IMPORTANTE RELATO “LOS ÚLTIMOS DIOSES” DE MARCEAL MÉNDEZ, NARRADOR TSELTAL

       

      No podían ir a ninguna parte, estaban custodiados, obligados a trabajar. Ahí demostraron que no eran cristianos de verdad; eran más fuertes, trabajaban duramente de sol a sol, sin cansancio, como nacidos solamente para eso: estar siempre en las tierras inmensas de los finqueros. Eran casi iguales a los demás: comían y dormían como todos los condenados a servir, a callar su dolor”. La cita, que pertenece al libro de relatos Slajibal ajawetik/Los últimos dioses (Conaculta, México, 2012, p.94) del escritor tseltal Marceal Méndez, nos da el pretexto para pensar la reacción de los indígenas ante la llegada de los negros1 a su territorio y aporta elementos para abordar la otredad de la memoria ancestral y actual.

      En el cuento, todo comienza cuando unos seres negros perturban la tranquilidad del pueblo; la gente se preguntaba sobre el origen de éstos, unos decían, que salieron así nomás de pronto sobre la tierra. La primera vez que los vieron fue en las fincas, en donde trabajaban de sol a sol sin cansarse; para unos eran dioses, para otros, demonios; era de suponer que no eran de este mundo, sin embargo, ¿por qué estaban atrapados en las fincas?

      Según la concepción maya, los dioses también suelen cansarse; lo mismo hicieron estos seres, se cansaron de tanto maltrato y un día escaparon al cerro a buscar su lugar de origen, “se dispersaron por el monte dispuestos a sobrevivir de alguna manera”, escribe Marceal. Los finqueros los buscaron en vano.

      Para los pobladores indígenas, resultaron ser una amenaza, los empezaron a cazar de uno por uno, llegando a actos tan crueles como hervirlos y destazarlos, de esa forma los orillaron a regresar a las fincas. Aquí se narra el encuentro de dos otredades, la indígena y la negra. Los indígenas al matar a los negros pensaban que obraban en beneficio de su comunidad. Desde el momento en que se empieza a discernir sobre la existencia de “otros”, se acuña un juicio de valor comparativo en relación a la identidad propia, sea que los otros surjan como amenaza o como esperanza en nuestro horizonte cognitivo. En la construcción de las otredades, el grupo con mayor número suele ser violento respecto al grupo minoritario.

      El estado de Guerrero está compuesto por población mestiza, indígena y negra. En este contexto se creó la CRAIN (Coordinadora Regional de Autoridades Indígenas), posteriormente CRAC-PC,2 para que los pueblos negros y mestizos fueran incluidos dentro del sistema de justicia comunitario; sin embargo, ante la crisis actual de la organización, muchos sostienen que ello se debe a la incorporación de la población negra y mestiza de la Costa. Quienes toman esta postura opinan que los mestizos y negros son culturas diferentes, carentes de sentido comunitario, violentos y fáciles de corromper por el Estado. Que no es casualidad que la mayoría de los grupos paramilitares que surgen para desarticular a la CRAC-PC vienen de las poblaciones de la Costa donde hay problemas de crimen organizado, violaciones, asesinatos y las divisiones causadas por los partidos políticos.

      ¿A qué se debe este tipo de opiniones y de parte de quiénes viene? Ante esto cabe preguntarnos, ¿Qué tipo de políticas ha aplicado el Estado mexicano en las comunidades donde existen fronteras étnicas? ¿A quién le conviene exacerbar las diferencias étnicas, sobre todo en los territorios en donde existen movimientos sociales como la CRAC-PC?

      Se ha creado una opinión para dividir a los pueblos indígenas y negros, para que no se organicen porque representan una amenaza a los intereses políticos en la región, el clásico “divide y vencerás”. Las políticas de división étnica han generado un racismo que existe hoy en la Costa-Montaña; la población negra se refiere a los indígenas como indios, guancos, montañeros, sucios, y la población indígena refiere que los negros son traicioneros, flojos, brutos, demonios. El Estado ha auspiciado estas segregaciones financiando movimientos narco paramilitares para confrontar a pueblos y movimientos sociales de la zona. A través de sus políticas culturales, clasifica y decide quién es indígena y negro y quién no.

      El etnocentrismo se redefine en cada contexto, según las políticas de quienes ostentan el poder. Se esencializa a los pueblos para negarles el derecho a transformar su cultura, se usan argumentos para deslegitimar la palabra de los indígenas y negros: si no usan ropa tradicional ya no son indígenas; si no son rizados, no son negros. Existen antecedentes en la Colonia donde se exacerbaron las diferencias culturales entre ellos, los negros fueron capataces de los indígenas en las fincas con la finalidad de crear rivalidad.

      El Estado denomina los problemas indígenas y negros como conflictos étnicos, de sectas religiosas, por el territorio o pugnas de poder. Las resoluciones a dichos conflictos terminan casi siempre en el encarcelamiento de los indígenas o negros.

      En Guerrero no hay una ley para proteger los derechos de los pueblos negros de la Costa Chica y Costa Grande en los conflictos de territorio. Se adscribieron como pueblos indígenas para tener derechos jurídicos. Hoy en día se debate en diferentes foros una ley que está puesta en la mesa de diálogo desde 2007 pero no tiene seguimiento.

      Volviendo al cuento “Los últimos dioses”, para los pueblos indígenas, los negros fueron identificados como demonios quizá por su color o porque resistían más que ellos en las jornadas de trabajo. En la lengua mè’phàà aún se les llama xàbò skuníí (hombres negros), la denominación también refiere al demonio, na’kha tsí skuníí (viene el negro/viene el demonio). También existe el gentilicio de Mboo iya rinaa (los hombres del mar).

      En América Latina, en particular en México, ser indio o negro cobra sus propios matices, trae consigo una ideología que marca la diferencia entre culturas, en donde evidentemente lo mestizo es superior, por tanto, el ser racial determina un discurso sobre los cuerpos. En la lógica del colonialismo el Ser negro es una imposibilidad, está en el no Ser. Lo mismo ocurre con el indígena. Esta relación de dominación ha servido para que desde un marco institucional de legalidad se norme la limitación del derecho de propiedad, con la consecuente expropiación del territorio indígena y negro por las empresas mineras. Si bien las razas no existen, sí existen la racialidad y las prácticas de discriminación que de éstas derivan, y el Estado ha manipulado esta situación para su beneficio.

      “Los últimos dioses” nos sitúa para pensar las políticas enfocadas a la división étnica. Da elementos para pensar la realidad que vivimos en las prácticas de racismo hacia la población negra e indígena de México. El cuento de Marceal inaugura una narrativa donde confabulan elementos de la Historia de los que poco se habla. Pone adentro la mirada para pensar desde lo nuestro, y nos lleva a cuestionar la manera en que vivimos y practicamos “lo comunitario”. Así nos damos cuenta de prácticas que como pueblo debemos cambiar para el fortalecimiento de nuestras comunidades.

      Escuchar y compartir la palabra del otro se da con base en el respeto. Nuestra palabra como personas diferentes nace en el espacio donde nos escuchamos y respetamos. Hacernos responsables de nuestra palabra y de la palabra de los otros es el fundamento de nuestra ética y búsqueda de nuestra dignidad.

       

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      1 Utilizamos la palabra negros para referirnos a las poblaciones de la Costa Chica de Guerrero, en particular, los que se han reivindicado como tal. El término de afrodescendientes les niega el derecho a ser pueblo. Ellos dicen que no vinieron de África, nacieron en México, el término de afromexicanos les parece más pertinente para su lucha política, sin embargo dicen: "Somos negros, y nos reivindicamos desde nuestro color". Lo mismo ocurre con los conceptos pueblos originarios e indígenas; usarlos correctamente no hace que cambie la situación de racismo y violencia que viven.

      2 La Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria, nació en 1995, por la inseguridad que se vivía en la zona Costa-Montaña. Su eje medular es la impartición de justicia comunitaria, basada en la reeducación e integración de los sujetos, a diferencia de la justicia punitiva y de aislamiento que aplica el Estado. Amparados en la ley 701, que estipula el reconocimiento del derecho y cultura de los pueblos y comunidades indígenas de Guerrero, han creado un sistema de seguridad comunitaria para el resguardo de su cultura y territorio, la CRAC-PC. Con el tiempo fue integrando en sus mesas de trabajo: Nuevas formas de gobierno, Educación comunitaria, Salud comunitaria, Defensa del territorio y Derecho de la mujeres.

       

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      | Hubert Martínez Calleja (1986) publica como Hubert Matiúwàa y Hubert Malina. Poeta y escritor mè’phàà de la Montaña de Guerrero. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Guerrero y Maestría en Estudios Latinoamericanos (UNAM). Autor de dos libros de poesía, colabora en Ojarasca.

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