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LA PROPUESTA DEL EZLN-CNI NO DIVIDE, EXHIBE A LOS PARTIDOS POLÍTICOS / 243

Paulina Fernández Christlieb

A lo largo de estos años de continuas reformas electorales, es claramente perceptible el abandono de los objetivos sociales, económicos y políticos propiamente dichos de la lucha de los partidos de izquierda y de su razón de ser, a la vez que van apareciendo en su lugar otros objetivos que nada tienen que ver con los problemas cotidianos de los ciudadanos ni con las necesidades de la sociedad. La revisión histórica de una corriente de la izquierda partidaria pone de manifiesto que llamarle democracia a las elecciones no es un simple error conceptual, sino el origen del abandono de la lucha por una nueva y más justa sociedad, que antaño llamaban socialista.

La posibilidad de observar las demandas de estos partidos en conjunto permite apreciar también cómo, en muy pocos años, se van reduciendo sus objetivos en tanto que partido político y en tanto que oposición de izquierda, y van dirigiendo su atención hacia el Estado, concentrando su interés en conseguir más recursos financieros, mejores tiempos en los medios de comunicación, y nuevos espacios de poder, e identificándose cada vez más con las características de un sistema que les proporciona lo necesario para vivir y reproducirse.

Cuarenta años de participación política dentro del sistema electoral legal demuestran que lo único que logró la izquierda institucionalizada es fortalecer al sistema en su conjunto, legitimarlo y prolongar su existencia, pero no destruirlo, ni siquiera cambiarlo. Peor aún. A lo largo de esos mismos cuarenta años se inició un nuevo ciclo de acumulación, se desarrolló y sigue en curso “un violento proceso de expansión universal de la relación de capital, de restructuración de las relaciones entre los múltiples capitales y, sobre todo, de las formas y contenidos de la dominación, la resistencia y la rebelión” (Rhina Roux, “El Príncipe fragmentado” en Gilly, Adolfo y Roux, Rhina, El tiempo del despojo. Siete ensayos sobre un cambio de época, Editorial Itaca, México, 2015, p. 115), sin que al parecer esos mismo partidos políticos de izquierda se dieran cuenta del papel que estaban desempeñando desde los distintos espacios del poder que han ocupado, de manera especial e ininterrumpida, en las cámaras del Poder Legislativo federal. Les corresponde el nada honroso mérito histórico de haber avalado las sucesivas reformas que condujeron a transformar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en un “gran código mercantil”1, pues en el centenario de su promulgación, ésta ya “no tutela más los derechos de los campesinos, los trabajadores o los indígenas. Tampoco garantiza para la población los derechos a la salud, la educación, el trabajo; ni protege las propiedades nacionales, colectivas y comunales. Por el contrario, ahora privilegia los intereses del capital. Allana el camino a los grandes negocios sobre los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de los mexicanos.”2 Si a la Constitución la convirtieron en un código mercantil, al sistema jurídico en su conjunto le dieron las herramientas para funcionar como uno más de los “medios de despojo” con que cuenta el capital contra los pueblos indígenas (el subcomandante Galeano escribe: “En pocas palabras: para los pueblos originarios el sistema jurídico es sólo un medio de despojo”, en Comisión Sexta del EZLN: El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista I. s.p.i., p. 289).

De entre los desastrosos resultados que por todo el país han dejado sembrados los partidos políticos de la izquierda institucionalizada que se ufanan de haber “tomado el poder” por la vía electoral, en diferentes espacios y niveles de gobierno, sobran motivos para fundamentar e impulsar una forma alternativa de participación política, para lo cual se dispone el CNI a empezar por “eliminar de los pueblos todo lo que nos está dividiendo: partidos políticos, programas y proyectos de gobierno y todo lo que identifiquemos que nos divide y reconciliarnos como pueblos” (Acuerdos del V Congreso Nacional Indígena CNI. Ratificación de acuerdos alcanzados en mesas y plenaria del 31 de diciembre de 2016).

 


Si bien el CNI y el EZLN hicieron pública la pretensión de que la indignación,
la resistencia y la rebeldía que se respiran en todo México, figuren en las boletas electorales del 2018, la hicieron precisando “que no es nuestra intención competir en nada con los partidos y toda la clase política que aun nos debe mucho: cada muerto, desaparecido, encarcelado, cada despojo, cada represión y cada desprecio. No nos confundan, no pretendemos competir con ellos porque no somos lo mismo, no somos sus palabras mentirosas y perversas. Somos la palabra colectiva de abajo y a la izquierda, esa que sacude al mundo cuando la tierra retiembla con epicentros de autonomía, y que nos hacen tan orgullosamente diferentes” (CNI y EZLN. ¡Y Retembló!, Informe desde el epicentro… Declaración del V Congreso Nacional Indígena, 1 de enero de 2017).

El acuerdo del V Congreso del CNI, previa consulta, de nombrar un Concejo Indígena de Gobierno colectivo, con representantes de cada pueblo, tribus y nación que lo integran y con una vocera mujer indígena que será candidata independiente a la presidencia de México en las elecciones del año 2018, tiene como una de sus metas no luchar contra los “partidos de izquierda” que aspiran a “tomar el poder” de los de arriba –¡si los dejan!– sino ejercer el poder que tienen los de abajo cuando están organizados. Al proponerse participar en el próximo proceso electoral federal, el Concejo Indígena de Gobierno no va a dividir a una izquierda institucionalizada que se dedica a dividirse a sí misma, ni le va a quitar votos a los partidos, puesto que hay demasiados ciudadanos en nuestra sociedad, quizá más del 50 por ciento distribuidos por todo el territorio de la República Mexicana y fuera de él, que están hartos y desde hace años no quiere saber nada de los partidos políticos.

Por ello y quizá pensando en ellas y en ellos, el EZLN estima que la acción del CNI en torno a ese Concejo y a esa mujer indígena podría generar “un proceso de reorganización combativa no sólo de los pueblos originarios, también de obreros, campesinos, empleados, colonos, maestros, estudiantes, en fin, de toda esa gente cuyo silencio e inmovilidad no es sinónimo de apatía, sino de ausencia de convocatoria […], podría generarse un movimiento donde confluyeran todos los abajos, un gran movimiento que cimbrara el sistema político entero” (Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano. Una historia para tratar de entender, 17 de noviembre de 2016).

La propuesta del EZLN-CNI no divide, exhibe a los partidos políticos al proponerse como objetivo unir, reconstituir los pueblos indígenas y reconstruir el CNI; reunir a los pueblos para darle otra vez visibilidad a los indígenas y a lo que está sucediendo en sus territorios; encontrarse con otros indígenas, hablar y escuchar a otros pueblos originarios; sumar a los pueblos, naciones y tribus que no han participado en el CNI y que acepten los principios de mandar obedeciendo; encontrarse con otros y otras que no son indígenas, pero que igual están sufriendo sin esperanza ni alternativa.

La propuesta del CNI-EZLN aspira a sacudir la conciencia de la nación, es un llamado a la unión y a la organización de los pueblos indígenas y de la sociedad civil para frenar la destrucción del país, para defender la vida individual y colectiva, para reforzar las resistencias y rebeldías, fortalecer el poder de abajo y a la izquierda en una perspectiva contra el neoliberalismo, contra el capitalismo.

 

Ésta es la parte final de un amplio trabajo con el mismo título presentado por la autora en el Seminario de Reflexión Crítica Los muros del capital, las grietas de la izquierda, 12 a 15 de abril de 2017, CIDECI-UniTierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.

 

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1 “El doctor en derecho Manuel Fuentes Muñiz señala que el actual modelo de Constitución no corresponde con los intereses nacionales: ‘Es un modelo en donde se ha sustituido el tema de país por el de empresa. Es la empresa y las inversiones lo que ahora se protege. Esto tiene que ver con la usura y con la ganancia particular. Tenemos ahora un Estado pequeño pero torpe. Tenemos un código mercantil más que un código social’.” Entrevista de Zósimo Camacho: “A 100, la Constitución privilegia intereses del capital” Contralínea 524, del 29 de enero al 4 de febrero, 2017.

2Idem.

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