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EL BARROCO ERA COSA DEL IMPERIO / 246

Daniel Montáñez Pico

LECTURA CRÍTICA DE LAS PROPUESTAS SOBRE BARROCO Y PUEBLOS ORIGINARIOS ELABORADAS POR BOLÍVAR ECHEVARRÍA, EN CONTRASTE CON LAS IDEAS DEL CUBANO LEONARDO SÁNCHEZ ACOSTA

Se ha puesto de moda en México y América Latina reivindicar lo barroco como carácter, cosmovisión, ethos o forma de vida predominante en los pueblos de nuestro continente. El gran “culpable” de esto fue Bolívar Echeverría (1941-2010). Filósofo y economista, desarrolló una extensa e interesante obra que entrecruza marxismo, fenomenología, existencialismo y estructuralismo para confluir en un original análisis de la modernidad y el capitalismo desde la realidad de nuestra región, donde destaca un “modo barroco de vivir la modernidad” que transformó los códigos culturales impuestos en algo propio. Echeverría continúa así una extendida práctica intelectual que relaciona estilos artísticos con cosmovisiones, estructuras y prácticas de vida, dentro de un esfuerzo original, crítico e interdisciplinario. Los pueblos indígenas aparecen siempre como precursores de estas “estrategias barrocas” en el guadalupanismo, la figura de la Malinche o la evangelización intercultural jesuita. Veamos cómo lo plantea:

…la afirmación de que la identidad barroca que ha asumido una buena parte de la población latinoamericana a lo largo de considerables períodos de su historia —identidad que se ha hecho manifiesta no sólo en las magníficas obras de su arte y su literatura sino ante todo en sus usos lingüísticos y en las formas de su vida cotidiana y su política— tiene su origen ya en el siglo XVI, en una forma de comportamiento inventada espontáneamente por los indios que sobrevivieron en las nuevas ciudades, después de que sus padres fueron vencidos en la conquista de América por la Europa ibérica […] Es difícil encontrar un ejemplo más claro del comportamiento barroco que se extenderá en las sociedades latinoamericanas desde el siglo XVII que el de esta alteración de la religiosidad cristiana llevada a cabo por los indios guadalupanos de México en el siglo XVI.

Para definir el barroco como el principal ethos de América Latina, Echeverría relaciona reflexiones de Adorno, Croce, Maravall, Calabrese y Deleuze. También rescata el pensamiento de autores de la tradición literaria cubana. Concretamente dos de sus autoridades: José Lezama Lima y Severo Sarduy, quienes plantearon ideas similares sobre lo barroco como carácter y “expresión americana”.

Traigamos a colación al también cubano Leonardo Acosta Sánchez (1933-2016), ensayista, musicólogo y periodista contemporáneo a los mencionados, cuyo trabajo sobre lo barroco Echeverría no da muestras de conocer. Casa de las Américas reeditó en La Habana El barroco de indias y la ideología colonialista, publicado originalmente en la revista Unión en 1972. Este ensayo presenta al barroco como el primer arte global y globalizado, un “producto cultural” que funcionó como instrumento del imperio ibérico para colonizar a los pueblos de América.

Estoy de acuerdo con Acosta. Invita a pensar lo barroco desde una clave distinta al cliché de la subversión y la picaresca dentro de un ambiente hostil: desde lo imperial. Por ejemplo, la idea barroca de decorazione assoluta (decoración absoluta), tan utilizada por Echeverría para enfatizar la importancia de la pícara distracción mediante los detalles, puede relacionarse con el absolutismo político. El barroco es el arte que representa a las monarquías europeas en la época que acumularon mayor poder. Tampoco identifica el horror vacui (tendencia de la decoración barroca a ocupar todo el espacio) como justamente el horror al que somete un imperio que conquista el orbe y no quiere dejar nada fuera de sí mismo, que todo lo abarca y donde “nunca se pone el sol”. El barroco americano, el filipino, el canario… por todos lados aparece con su “apellido”, otorgado por la fagocitación de las culturas de cada pueblo colonizado en la búsqueda de la unidad imperial. La estrategia es la misma en todo el globo, bien delimitada en el Concilio de Trento de 1545-1563 (el Consenso de Washington de la época) y aplicada por su más capacitado ejército: los jesuitas. Ellos se adaptan a las diferentes culturas, desde China y Japón hasta las Américas, para evangelizar y colonizar.


Llamar barroco al comportamiento de los pueblos indígenas al adaptarse al código del colonizador para sobrevivir, revela desinterés por los conceptos de estos pueblos, con una perspectiva mucho más crítica, politizada, original y sugerente. Desinterés también por los estudios mesoamericanos, que muestran que los pueblos desplegaban apropiaciones simbólicas y políticas en momentos de disputa, antes de la conquista y la existencia del barroco. ¿Por qué la propuesta echeverriana de lo barroco ejerce tal seducción sobre estudiantes e intelectuales? ¿Por qué es tan utilizada para analizar la realidad de los pueblos indígenas y las comunidades en resistencia? Podemos esbozar una respuesta.

El alzamiento del EZLN en 1994 revela resistencias históricas pacíficas, visibiliza opciones revolucionarias diferentes a la toma del poder del Estado que se acoplan a los sentires colectivos. Además sospecho que la propuesta de modernidad barroca “alternativa” de Echeverría tiene un poder redentor. Ofrece una interpretación del presente y una proyección al futuro desde una asunción no tan trágica del trauma colonial. Las raíces culturales de los pueblos originarios son sublimadas por la conquista y convertidas en algo esperanzador, capaz de “rehacer” el proyecto moderno sin sus cosas negativas (el capitalismo, la preeminencia del valor de cambio sobre el valor de uso, los genocidios, las conquistas):

[Lo barroco] era una estrategia que no perseguía adoptar y prolongar en América la figura histórica peninsular de la civilización europea a fines del siglo XVI, ni tampoco rehacer la civilización precolombina, “corrigiéndola con lo mejor de la europea”, sino... en hacer de nuevo la civilización europea, pero como civilización americana: igual y diferente de sí misma a la vez… como lo expone Octavio Paz, fueron los mestizos —tanto cholos como criollos— quienes “realmente encarnaban” a la sociedad generadora de esta estrategia: sus verdaderos hijos, los que construían en América no sólo una España nueva, sino otra.

Cualquier parecido con la idea hegeliana del movimiento hacia el oeste del espíritu de la historia es mera coincidencia. Una “raza cósmica” servida en nuevo y seductor envase, aderezada con discurso marxista crítico. Pero erudición y buenas intenciones no bastan. Son viejos argumentos imperiales usados para negar y homogeneizar a los pueblos indígenas, presentados con renovadas palabras e ideas más sugerentes que los viejos conceptos de Vasconcelos, pero que no significan mucho más que ellos.

Rematemos con la espléndida síntesis de Acosta:

En América existen obras plásticas y literarias de cuño barroco. Pero negamos que sea una corriente generalizada, mayoritaria, mucho menos natural, lógica ni inmanente. El barroco fue un estilo importado por la monarquía española como parte de un cultura estrechamente ligada a su ideología imperialista. Su importación tuvo, desde el principio, fines de dominio en el terreno ideológico y cultural. Esto no implica una valoración estética negativa. Pero sí estimamos necesaria una toma de conciencia respecto a la verdadera significación del barroco, que es un fenómeno estrictamente europeo, y al imperativo de elaborar nuestras propias formas artísticas en la etapa de la liberación económica, política y cultural de la América Latina, formas que en una serie de aspectos serán todo lo contrario a lo barroco .

 

Obras discutidas:
Leonardo Acosta Sánchez: El barroco de Indias y la ideología colonialista, Casa de las Américas, La Habana, 2014 [1972].
Bolívar Echeverría: La modernidad de lo barroco, Ediciones ERA/UNAM, México, 1998.

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