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AJNGÁA DXÀWUA MÈ’ PHÀÀ / PALABRA QUE ACONSEJA

Hubert Matiúwàa

Filosofar mè’phàà


Los mè’ phàà tienen una palabra que remite al mundo ético, esta palabra es Ajngáa dxàwua, y refiere a la experiencia ética de los antepasados que surgió del diálogo con todos los demás seres que habitan el mundo; dxàwua es la palabra que da consejos y resuelve conflictos, sirve para abrir el dialogo y unir los corazones, instruye a los jóvenes en los valores de la comunidad, en ella se aprende el respecto de las demás palabras. Dxàwua es una construcción conceptual hablada por los xàbò níkì tsí nanda’a (ancianos pedidores) por ser los más experimentados en cuestiones de la vida y costumbres del pueblo. Es por lo tanto una categoría tanto estética como ética.

La palabra dxàwua puede traducirse en sus múltiples sentidos como la palabra sagrada, la palabra que aconseja, la palabra que viste las estrellas, la palabra que vino del tiempo. Ésta se transmite a los jóvenes cuando desean formar una familia, durante este acontecimiento se reúnen los miembros de las familias de los contrayentes en una ceremonia y los más viejos hablan acerca de los valores de la vida y las responsabilidades que los jóvenes tienen con la naturaleza y las costumbres de la comunidad. Al contextualizar la palabra dxàwua, encontramos que tiene sus antecedentes en varios mitos y ceremonias como el del “origen de la vida”, el “pedido de la novia”, “la veneración al dios del fuego” y “la quema de leña”, entre otros que dan referencia a su realidad y eticidad.

 

Los mitos, narrativas simbólicas entonces, no son irracionales ni se refieren sólo a fenómenos singulares. Son enunciados simbólicos y por ello de “doble sentido”, que exigen para su comprensión todo un proceso hermenéutico que descubre las razones y en este sentido son racionales y contienen significados universales (por cuanto se refieren a situaciones repetibles en todas las circunstancias) y construidos con base en conceptos.1

 

El matrimonio para los mè’phàà refuerza los lazos familiares, representa la forma congruente de solidaridad de la comunidad y es la base de la unión del pueblo. A continuación, sintetizo el mito que describe la base familiar y la unión comunitaria de los mè’phàà:

 

Se dice que Àkuun iya (dios de la lluvia) es el suegro de Àkuun mbátsu (dios de la lumbre) quien está haciendo servicio de novia y vive matrilocalmente en la casa de Àkuun iya. Àkuun iya tiene la impresión de que Àkuun mbátsu es haragán y no trabaja lo suficiente. Decide castigarlo no enviándole lluvia para sus milpas. En cambio le envía toda la lluvia a su yerno, I’dú (Pájaro corre caminos). Cuando Àkuun mbátsu descubre esto, abandona la casa lleno de ira, privando así a Àkuun iya del fuego para calentar sus tortillas, Àkuun mbátsu se oculta en el hueco del tronco de un árbol. Cuando Àkuun iya descubre que ya no tiene fuego en su hogar, se da cuenta de que ha cometido un grave error y decide salir a buscar a Àkuun mbátsu para rogarle que regrese. Le pide disculpas y le promete que le enviará lluvias para sus milpas. Àkuun mbátsu regresa al hogar y vuelve a encender el fuego. Después de esto todo marcha bien.2

 

Cada quien es valorado por lo que hace y cada miembro de la familia es indispensable para que todo tenga equilibrio en la comunidad. En el mito citado encontramos el significado simbólico de la estructura ética biocéntrica de los mè’phàà, por eso, para los mè’phàà el matrimonio es la ceremonia más importante, es un proceso largo y de mucha responsabilidad.

En el pedido de novia, se busca a un xàbò níkì tsí nanda’a para que lleve la palabra dxàwua a la familia de la novia y esta palabra se dice con metáforas, es la manera de dirigirse a alguien que se respeta, a quien no se conoce; por ejemplo: “venía en el camino y vi a un gran árbol de flores blancas, dije, me sentaré en los pies de este árbol porque me dará sombra y cuidará del calor…”, refiriéndose a la casa y a la mujer.

El antropólogo Oettinger Marion en los años setenta recoge la siguiente palabra de un xàbò níkì tsí nanda’a de 75 años de edad llamado Pablo Reyes, de la comunidad de Tlacoapa, Guerrero:

 

Es por esto que vengo a tu casa: para entregar o dar a conocer los sentimientos y deseos de este pobre muchacho que ha expresado sus anhelos y que, luego de mirar en todos los lugares, ve que aquí existe un árbol de felicidad lleno de nubes blancas y que tiene suficiente sombra para darle protección. El desea ser protegido por este árbol de amplia sombra bajo el cual siempre habrá una mujer […] De nuevo, señor, te ruego que aceptes mis sinceras y humildes palabras, así como también mis sentimientos y los de este pobre muchacho.3

 

El xàbò níkì tsí nanda’a (el señor pedidor) es responsable del sentimiento y del actuar del muchacho; si en un futuro la relación no resulta el inmediato responsable es el señor pedidor, por eso hay un proceso de diálogo y conocimiento de las referencias éticas del muchacho antes de asumir la palabra por él, la responsabilidad del nuevo matrimonio es colectiva.

El diálogo en la casa de la novia, tiene que ser antes que salga el sol; se habla de la razón de la existencia humana, del sentido del florecer de los campos. El xàbò níkì tsí nanda’a con ocotes en la mano habla sobre las cuatro narices de la tierra, su relación con los Xabó (gente) desde el comienzo de la vida, habla sobre la historia del pueblo, de cómo se junta la gente para ponerse de acuerdo y resolver los problemas, habla del Ló’ “nosotros”, de cómo se debe de buscar la unidad en el trabajo, de cómo cuidarse y guiarse con las experiencias del “nosotros de los otros” “Xó’” y sobre todo de no maltratarse entre los mè’phàà, y enseña cómo llegar al diálogo a través de Ajngáa Dxàwua.

De la misma manera, la familia de la mujer busca también a un xàbò níkì tsí nanda’a para que responda de acuerdo al Ajngáa Dxawua a aquél que viene de madrugada.

Esto no quiere decir que los jóvenes no tengan decisión sobre el asunto o que sus familiares no puedan intervenir en el diálogo, al contrario, la participación es lo que hace responsables a todos en este proceso, a cada miembro de la familia le toca hablar conforme se construye la palabra. Cito lo que responde el padre de la mujer:

 

[…] muy bien, señor, escucho, en detalle, tus deseos y los del joven. Vuelvan de nuevo al cabo de una semana, para platicar más acerca de este asunto, mientras le pregunto a mi hija, para que ella pueda expresar sus deseos. No puedo obligarla a nada, más bien, espero su próxima visita antes de hablar más sobre esto.4

 

Al final se da un diálogo en donde los dos ancianos son los portavoces de las familias o de los pueblos en su caso.

 

Muy bien, señores, le he dado al muchacho todos los consejos necesarios para vivir la vida, y él debe saber qué es lo que está aceptando. Esto no es un juego. Es una cosa delicada. Pero si algo malo ocurre, yo seré responsable y me ocuparé de que él reciba el castigo necesario. El joven es una persona que ha crecido aquí y conoce bien a la muchacha. Él sabe si ella tiene o no la edad suficiente para casarse. Él entiende muy bien las costumbres de aquí.5

 

Nakwuà dxàwua awún literalmente quiere decir “engendrar la palabra del mundo en el estómago”, en otras palabras, se siembra el consejo de los abuelos en el vientre de los jóvenes para formar una nueva familia. Ajngáa Dxàwua es fundamento de la ética mè’phàà, puesto que surgió del diálogo con lo vivo y muerto sobre la tierra; es a su vez una pedagogía, porque en ella se enseña el principio de la responsabilidad y el cuidado de las palabras; una vez aprendido esto se pasa a ser un ciudadano, quien se irá definiendo conforme a la participación comunitaria, hasta llegar a Murigú Ajngáa ló’ (Poner la palabra, diálogo en las asambleas).

La ética mè’phàà se sustenta en el principio de la vida y la colectividad, principios que están en la base de toda familia, espacio en donde se convive y se aprende del otro, hermanos y hermanas, es donde se aprende a dialogar con la palabra del otro, hermano animal, planta, etcétera.

Para los mè’phàà todos los seres tienen palabra, en la familia se enseña por medio de los padres y abuelos que todos somos uno en nuestra diferencia, una sola casa para todas nuestras voces, una sola madre de donde venimos carne que habla. La familia significa la continuidad del saber comunitario, continuidad de la vida y de la resistencia, la familia representa el equilibrio de todas las cosas, es en donde se enseña cómo regular y estar bien con los demás seres.

Esto viene de la idea de entender el Xàbò (gente) como colectividad, conocimiento, memoria. Para cada mè’phàà el hecho de formar una familia significa que está haciendo pueblo, cuando una mujer está embarazada, se dice jagò èdèe, que literalmente significa carga el pensamiento, y cuando está dando a luz se dice, na’ni xuajín (está haciendo pueblo); en esta manera de enunciar se entiende que la y el mè’phàà nace pueblo, los que nacerán son los que traen el pensamiento, por tanto, aprenden la palabra (ajngáa) para ser pueblo (xuajín) y la responsabilidad que esto implica, entonces la mayoría de los que vivimos en comunidades aún configuramos nuestra identidad a partir de este principio, constantemente se escucha decir “vengo a tu pueblo” cuando se visita la casa de una familia.

En la actualidad los mè’phàà viven regidos por el respeto hacia la madre tierra, ya que consideran que ésta es la que les da vida y sostiene. Para ellos la naturaleza tiene vida, por eso la veneran y están en constante diálogo con ella, porque de lo contrario suelen pasar cosas negativas: malas cosechas, muertes, enfermedades, entre otras cosas.

Como podemos constatar, el pensamiento de los pueblos originarios se sustenta en una ética comunitaria. La visión de los mè’phàà interpela la visión de la ética antropocéntrica del eurocentrismo y a su vez nos da fundamentos para proponer una interculturalidad que nazca del diálogo, que permita superar la crisis que se vive ahora en el mundo.

 

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1Enrique Dussel, Eduardo Mendieta, Carmen Bohorquez. El Pensamiento filosófico latinoamericano, del Caribe y "latino" (1300-2000): historia, corrientes, temas y filósofos, México: Siglo XXI, 2009. pág. 15.
2
Véase en Relatos Tlapanecos o en Marion Oettinger, Una Comunidad Tlapaneca, sus Linderos sociales y Territoriales, México: Instituto Nacional Indigenista, 1980.
3
Marion Oettinger, Una Comunidad Tlapaneca, sus Linderos sociales y Territoriales, op. cit.
4
Ibíd. Pág. 300
5
Ibíd. Pág. 303

 

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| Hubert Martínez Calleja (1986) publica como Hubert Matiúwàa y Hubert Malina. Mè´phàà, (tlapaneco) de la Montaña de Guerrero. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Guerrero y Estudios Latinoamericanos en la UNAM. Es una de las figuras más reconocibles de la nueva literatura de los pueblos originarios mexicanos.

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