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EL CAPITALISMO VERDE: LA NUEVA GEOGRAFIA DEL DESPOJO

Russell Peba Ocampo

La historia es dialéctica:
está en constante movimiento,
no se detiene, transforma la realidad;
es palabra profética como la rueda de los katunes.

 

 


Cuenta la historia que por allá de 1700, los pueblos mayas eran “esclavizados” en su propia tierra, tanto así que pagaban un triple impuesto: pagaban a la clase gobernante, al patrón y a la Iglesia. Agravios e injusticias que se iniciaron cuando los españoles invadieron estas tierras en 1492 trayendo la religión cristiana, la imposición de un nuevo Dios a sangre y fuego. A partir de esta invasión se inició el proceso de saqueo y despojo en estas tierras. Los indios que no aceptaron al “Nuevo Dios cristiano” fueron torturados y muchos de ellos quemados vivos en lo que se conoce como “Auto de fe” de Maní en 1562. En ese lugar se había construido la capilla de indios y fue allá mismo donde se quemaron miles de objetos sagrados propios de nuestra cultura, cientos de códices mayas donde se plasmaba la sabiduría de los abuelos y abuelas más primeros. El artífice de este delito de lesa humanidad fue el fraile franciscano Diego de Landa, más tarde galardonado como primer obispo de Yucatán.

En 1761 un indio rebelde llamado Jacinto Canek organizó una rebelión en Cisteil para acabar con las injusticias que se habían hecho más evidentes. La Iglesia–Estado–Corrupción mandó combatir el levantamiento y borrar todo indicio: no pudieron: aquí estamos, el espíritu de Canek sigue recorriendo estas dignas tierras mayas y en su memoria no nos rendimos.

Uno de los grandes pensamientos que Ermilo Abreu pone en boca de Canek, y que aún hoy siguen retumbando en los cuatro rumbos de la Península y nos llama a cambiar esta dolorosa realidad de los pueblos mayas es: “Los blancos hicieron que estas tierras fueran extranjeras para el indio, hicieron que el indio comprara con su sangre el aire que respira”. A pesar de más de 250 años, esta filosofía de lucha la tenemos muy clara, y hoy decimos nuevamente ¡ya basta!

El proceso de injusticia y despojo aún no cesa. Al contrario, se ha incrementado y hoy el método se llama “capitalismo verde”, que lo único que tiene de verde son los dólares que se generan en nombre de la conservación del ambiente. Es éste el nuevo nombre del “despojo de los territorios indígenas” promovido por los gobiernos neoliberales, las grandes empresas y sus paleros de fundaciones y ONG preocupadas por la “sustentabilidad del medio ambiente”.

Esta nueva “ola verde”, “corrupción verde”, “privatización verde” “economía verde”, “defensa verde” no son más que la mercantilización de la naturaleza. Asignarle un valor monetario a los recursos naturales que son sagrados para nosotros: el agua, el aire, la tierra, el sol. Para el “capitalismo verde” no importa que la naturaleza sea destruida, saqueada y contaminada: para eso ha inventado el término “bonos de carbono” y con eso se justifica la contaminación, la “inversión verde para la defensa verde”.

La entrada y la puesta en marcha de los megaproyectos del “capitalismo verde” es la invasión de nuestro territorio en su máxima expresión: se les conoce como parques solares, parques eólicos, granjas de cerdos, ecoturismo. Juntos conforman una “nueva geografía del despojo” y la principal justificación es decir que no contaminan y contribuyen a reducir la producción de gases con efecto de invernadero, principal causa del calentamiento global. Dicen que son “proyectos amigables con el medio ambiente”, “energía verde” le llaman.

Vamos: Los parques solares y eólicos se instalan en cientos de hectáreas de monte o selva que serán deforestados. Las empresas “rentan” la tierra a los ejidos por 40 años o más con base en engaños y gracias a la corrupción de las autoridades. El caso icónico de esta situación se encuentra en Sinanché, Yucatán, donde a cada ejidatario le ofrecieron 300 pesos cada año por las 1944 hectáreas que se rentarían. En este caso particular la renta sería por 30 años con la opción de 2 periodos más, haciendo un total de 90 años, tiempo estimado del funcionamiento del parque eólico, ¿Es así como se conservará el medio ambiente?

Otro caso es el parque solar de San José Tipceh, que según los propios ejidatarios la empresa utilizó un intermediario que quería rentar tierra para sembrar limones, que llegó con una maleta llena de dinero y los ejidatarios firmaron (jugando con la pobreza y la necesidad). Al final de cuentas no era para siembra de limones sino para la puesta en marcha del parque solar. Un engaño más, dice un ejidatario de San José .

Hablamos de 18 megaproyectos que se instalarán en Yucatán con capital privado y con la autorización de la secretaría de energía (Sener) y de la Seduma (Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente) que funcionan como agencias acomodadoras de proyectos al servicio del “capital verde”. Estas instituciones están al servicio de las empresas para hacer el trabajo sucio en las comunidades y dividirlas con despensas y programas oficiales, sirviendo de papel higiénico a los empresarios. Tanto la Seduma, la Sener y la Procuraduría Agraria forman parte del “profundo sumidero oficial”, están al servicio del dinero, están podridas de corrupción.

 

No es solamente el estado de Yucatán el que está en la mira del gran capital, sino la Península de Yucatán en su totalidad, por la gran cantidad de recursos naturales con los que contamos. En el vecino estado de Quintana Roo está en proceso de despojo la laguna Chichankanab. Mediante un decreto de área natural protegida emitida en 2011 por el gobernador en turno, pretenden despojar de 11 mil hectáreas a los ejidatarios de Dziuché, que muchos de ellos viven de las actividades que realizan en la laguna y que ellos mismos se encargan de cuidar. Ahora un grupo de unas 50 grandes empresas pretenden instalarse en el ejido para administrar la laguna (ecoturismo le llaman a esta forma de despojo). La estrategia del gobierno es emitir un decreto de área natural protegida y con ese argumento legal se despoja de la laguna a los ejidatarios y habitantes de la zona. Así lo refieren los propios ejidatarios.

El proceso de despojo de los territorios indígenas sigue en aumento. El descaro y la ambición del gobierno y sus instituciones, al servicio del “capital verde”, no tiene límites. Hoy que con certeza firmamos la nueva geografía del despojo, también nace y se organiza la nueva geografía de la dignidad y de la resistencia.

Los pueblos indígenas, en el marco de la autonomía reconocida en la Constitución Mexicana y en las leyes internacionales, como el Acuerdo 169 de la Organización Internacional del Trabajo, tenemos la opción de organizarnos y defender la herencia que nos han dejado nuestros ancestros o dejar pasar esta oportunidad histórica y ser simples espectadores de primera fila de la destrucción de nuestra vida como pueblos.

La autonomía de los pueblos es la opción viable para proteger nuestros territorios de la voracidad de los empresarios que buscan privatizar los recursos creados por nuestra madre naturaleza. Los empresarios cuentan con la protección de las leyes que aprueban los diputados y senadores de los partidos políticos que sólo buscan el poder engañando a la gente en las elecciones de cada tres o seis años con los mismos argumentos. Son los mismos políticos aunque a veces sólo se cambien de partido o incluso se declaren independientes. El problema es sistémico y es eso lo que hay que cambiar.

 

El camino que tenemos en el horizonte —un camino difícil y plagado de espinas pero que al final es el reencuentro con la dignidad de nuestros pueblos— es el diseño de la nueva geografía de la autonomía de los pueblos mayas.

 

Una versión anterior fue publicada en Mérida, el 19 de diciembre, 2017, http://mayapolitikon.com/capitalismo-verde-yucatan/

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