LAS NIÑAS DE SANTA ROSA DE LIMA — ojarasca Ojarasca
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LAS NIÑAS DE SANTA ROSA DE LIMA

Hubert Matiúwàà

Escribir en idioma mè’phàà es un acto de reivindicación política para decir que, a pesar de todas las políticas hegemónicas de exclusión y de exterminio, nuestra cultura sigue viva. En la memoria oral están presentes las diversas formas de la creación literaria, la transición a la escritura es reciente, por lo tanto, la poesía de los pueblos indígenas es milenaria, el hecho de que la diversidad idiomática que existe en México sea invisibilizada obedece a un proyecto de nación y una lógica de canon.

El libro por el cual me hice acreedor del V Premio de Literaturas en Lenguas Indígenas de América, lleva por título Las sombrereras de Tsítsídiín, que se deriva de una onomatopeya del canto del pájaro que llama a la lluvia en el pueblo que lleva el mismo nombre. En esta comunidad las mujeres tejen sombreros como medio que les permite la subsistencia. En el libro abordo el tema de la violencia causada por la trata de niñas en zona de la Montaña del estado de Guerrero, un problema que se ha acrecentado en las últimas décadas, siendo la población infantil la más vulnerable ante la red criminal que se ha tejido en todo el país. El libro intenta llegar a ojos y oídos para hacerse palabra en la realidad cotidiana de todos, para que quede viva en la memoria y a partir de ella, los que vienen detrás de nosotros sepan construir un mundo en dónde nunca ocurran estas violaciones.


El acto de escribir es consecuencia de haber visto, de haber oído y de vivir en un estado como Guerrero, no hay mejor forma de expresar esta indignación que en la lengua en que he aprendido a construir el mundo, por eso el libro está escrito en mè’phàà, la lengua en la que yo siento.

Desde que tengo memoria la violencia en Guerrero ha existido, los asesinatos de mujeres son una constante pero allí se niegan a aceptar la violencia de género. Los niños crecen con miedo, desplazados por la violencia de los lugares en que aprendieron a jugar, hacen falta escuelas, las condiciones de salud son precarias, no hay seguridad, nuestras vidas están plagadas de violaciones a nuestros derechos humanos, que se han legitimado desde los gobiernos.

No hay garantía de seguridad ni siquiera para los familiares de las víctimas de la trata y el feminicidio. El Centro de Derechos Humanos Tlachinollan menciona “que el estado en Guerrero es omiso no sólo en la prevención, atención y sanción en los casos de feminicidios sino que no cuenta con información y un banco de datos que pueda dimensionar la problemática del feminicidio”. Durante 2015, Guerrero ocupó el segundo lugar de homicidios dolosos a nivel nacional. Hoy, 2017, todo se ha agravado.


Para qué sirve la poesía si no comparte el dolor de los suyos. Para qué sirve la palabra si no enfrenta al silencio al que es condenada. En la Montaña, cuando cae la tarde, el miedo cubre la piel y paraliza los ojos, se escucha rumorar:

–Es mejor que te guardes la lengua, han llegado los hombres armados a rondar las carreteras, a sembrar el miedo y a relucir la angustia en el vientre de las mujeres. Si no quieres amanecer colgado en el puente, guarda silencio.

Y los que lo no lo hacen, son colgados en los puentes para mecer el miedo como castigo a nuestros cuerpos.

La historia de la trata, es una constante en la zona de la Montaña, las niñas son levantadas o engañadas con la promesa falsa de un trabajo y vida más digna para sacarlas de sus pueblos, y en el camino solo encuentran violación, asesinato, maltrato, secuestro, y prostitución en las principales ciudades y puertos del país.

En Guerrero, los organismos de sociedad civil reportan que diariamente son violadas 10 mujeres, hay más de mil 700 casos de violaciones al año de los cuales las autoridades solamente reconocen una parte.

¿Las levantan porque son niñas indígenas? Porque a través de esa palabra se han marcado fronteras en donde los derechos de unos son negados, por lo tanto, violentados, condenados a la muerte sin historia, a vivir vulnerables hasta en su casa.


Guerrero es un pueblo secuestrado por la violencia. No es raro que el estado actual de la realidad infiera en la poesía, la violencia actual, es un conflicto que nos afecta a todos; los levantones y las decenas de ejecutados son una constante en todo el país, por ello la violencia es un tema de interés y de importancia, no solo en México sino en todo el mundo.

Concluyo diciendo: Las sombrereras de Tsítsídiín es la historia cotidiana de las mujeres de mi pueblo, ojala la poesía sirva para arrancarnos la hierba de la indiferencia y regresen nuestros ojos a sus cuencas para mirar que todos somos un solo cuerpo y sin nuestras partes nos condenamos a morir.

 

A propósito del premio Premio de Literaturas Indígenas de América 2017, recibido por el autor el 2 de diciembre en Guadalajara, Jalisco.

 

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