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EL TIEMPO DE LA GENTE AGUA Y LA GENTE GUÍA

Hubert Matiùwàa

Cada nombre tiene su historia. En la cultura mè’phàà hay dos nombres para las masculinidades derivadas del origen del tiempo: xàbekha y xàbìya, los hijos del sol y los hijos de la luna. En las historias de la memoria oral se explica el porqué de estos nombres. Se cuenta que el sol y la luna...

 

(…) Llegaron en un pueblo donde no había agua, se quedaron en la casa de una señora, Àkha’ (sol) le dice a Gòn’ (luna):

–No les digas el secreto del agua, nada más que tu corazón sepa. Si les dices nos van a meter a la cárcel para que les muestres.

Gòn’ dijo:

– Si les doy agua les pediré cuatro mujeres, quiero casarme, quiero tener a mis hijos, y se fue a un cerro a sacar el agua a escondidas.

Al poco rato llegó con agua limpia, un rayo vio y salió avisar que alguien encontró agua, llegó toda la gente donde estaban, los metieron a la cárcel y les preguntaron donde encontraron agua. Gòn’ dijo:

–Les enseñaré cómo sacar el agua pero no me encierren, sólo denme cuatro mujeres para que tenga mis hijos, ellos cuidarán y sacarán el agua cuando se necesite para el pueblo.

Quedaron de acuerdo y Gòn’ mandó a la gente a buscar, ìxe skwìya xna’dí, ixe xtúaya’, enterró estas varas en la tierra y habló en idioma agua, advirtió que llegaría con mucha fuerza, los hombres no le creyeron, le faltaba poco para terminar cuando explotó el agua entre las piedras, llegó hasta cerca del cielo, se llevó las casas y a todos los hombres que no entendieron la advertencia. Así Gòn’ sacó el agua en toda la montaña, juntó a los pueblos cerca de los principales ríos y manantiales conforme la necesidad de cada quien, por eso hay agua para tomar y existen los ríos que conocemos.

La luna tuvo a sus hijos y esos hijos somos nosotros los xàbìya, los nuevos hombres, por eso nacemos conforme la medida de nueve lunas, nos dio de beber la primera agua que nos dio nombre.1

 

Nosotros somos los hijos que tuvo la luna para cuidar el agua, nos llamamos xàbìya, que significa gente de agua, deriva de las palabras xàbò (gente) e ìya (agua). Antes de que naciéramos, había sequías y no era sangre lo que corría en las venas.

 

Se es xàbìya si en una acción se demuestra fuerza y valor, si se asume ser guardián generacional de la identidad, o si en un conflicto se defiende la dignidad de la familia, el nombre y la cultura, constantemente se escucha decir:

Àtiàwàá xuaian’ xí xàbìya ñajuán’/ Cuida tu pueblo si eres hombre.

Los abuelos mè’phàà dicen que el agua es fuerza, cuando la enfermedad del miedo nos invade y nos curan con el ritual mandiyia’ (soplido del agua), el agua trae fuerza a nuestro cuerpo y nos recuerda nuestra historia de origen.

En la actualidad, en los lugares donde los ríos se secan se llevan ofrendas para que no ocurra, se entierra agua de mar para que brote como manantial. El agua no se debe jugar, tiene las serpientes que la cuidan, el agua es nuestro espejo (ìya niwà), es sangre por la que nos hacemos xàbìya, es la razón por la que comenzó nuestro nombre.

El tiempo de los hombres agua (xàbìya) corresponde al conocimiento y cuidado del agua, resulta indispensable su defensa ante el extractivismo de las empresas que ven en ella un recurso de retribución monetaria. Para nosotros es motivo de nuestra existencia, la que nos da fuerza y nos cura el miedo, el agua fue razón para la buena vida de nuestros antepasados es y seguirá siendo para nosotros.

Después de enseñar el agua, el sol y la luna, siguieron su camino. Cuentan los abuelos que “llegaron a un pueblo donde llegaba gente de todas partes a levantar la lumbre para que se fuera al cielo, porque había oscuridad y nada tenía medida (…) el mayor Àkhà’ (sol), corrió y abrazó a la lumbre y se fue al cielo. Su hermanito Gòn’(luna) al ver esto, también corrió, levanto lo que quedaba del fuego con todo y ceniza y siguió a su hermano. La gente se dijo: ‘¿Regresarán?’ Un sabio señaló donde iban a regresar, esa persona era el gallo”.2

 

Al levantarse el fuego de la tierra, comenzó la medida de los días y el comienzo de nuestro nombre como humanidad. El sol fue quien abrió el camino, por eso es el guía. Hoy, las personas que aprenden nuevos oficios para el beneficio de la comunidad les llaman xàbò ikha (personas guía), lo mismo para las personas que son guías de caminos desconocidos; del nombre del sol es de donde viene la raíz de la palabra xàbekha, que significa hombres, que a su vez proviene de xàbò ikha (personas guía). Àkhà’(sol) tiene también la misma raíz de xàbekha.3 El sol y la luna fueron los que subieron el fuego del tiempo en el camino del cielo, por eso el sol es el ojo del día y la luna es el ojo de la noche.

Se escucha decir:

Nìwá’nú xàbekha muñawà jùbà’/Llegaron hombres a cuidar la tierra.
Xàbeka nìriyá’ jambàa/Los hombres sacaron el camino.
Se es xàbekha si se asume el compromiso de abrir y compartir el camino del conocimiento, se abre camino para las nuevas generaciones, el conocimiento tiene la necesidad de ser generacional para fortalecerse, lo mismo que las demandas por el respeto al derecho de los pueblos indios, es generacional.

Actualmente, distinguimos el uso de la palabra xàbekha (gente guía) y xàbìya (gente agua) de acuerdo con la acción y espacio en que es nombrada. Es necesario señalar que las palabras mencionadas no denotan género, su raíz viene de la palabra xàbò que significa gente, por lo tanto la traducción literal es: gente de agua para xàbìya y gente guía para xàbekha.3 En nuestras historias de origen la luna tampoco tiene género y sexo, es mujer y hombre.

En cada uno de nosotros está presente el origen de nuestra cultura, somos gente guía cuando enseñamos a las nuevas generaciones el saber de nuestro pueblo, cuando nos hacemos responsables del camino que nos dejaron los que nos antecedieron. Somos gente agua cuando demostramos valor y dignidad para cuidar lo nuestro. Somos la gente del nuevo tiempo, nos toca ser guía y cuidadores de nuestra cultura.

Es necesaria la actualización de la ética política de nuestras historias de origen (mitos), la tierra donde podemos sembrar de todo. Nos adentran a la diversidad de pensamientos y a través de su interpretación podemos nombrar nuestro sentir y podemos escudriñar elementos de nuestro filosofar. Los tiempos son distintos y hay que reinterpretar y actualizar nuestro origen sin perder su sentido.

 

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1 Cayetano Pacheco, Jorge Alberto. (2016) Entrevista de audio. Tres Lagunas, municipio de Zapotitlán Tablas, Guerrero.
2
Ibidem
3
Carrasco Zúñiga, Abad. Algunas anotaciones a la sociolingüística Mè´phàà. p. 54.

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| Hubert Martínez Calleja (1986). Autor en lengua mè’phàà (tlapaneca), originario de Zilacayota, Malinaltepec, Guerrero. Ha dado a conocer tres libros de poesía: Xtámbaa/Piel de tierra, Tsína rí náyaxaa/Cicatriz que se mira y Las sombrereras de Tsítsídiin.

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