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EL TERRITORIO, NUESTRO VESTIDO COMÚN. CON EL SEÑOR DE LA SALUD CONTRA MINERA AUTLÁN

Alfredo Zepeda e Inti Barrios

Jalamelco, Hidalgo, 24 de febrero de 2018

Decir Dos Viernes es decir San Agustín Mezquititlán, la fiesta del Señor de la Salud. La gente de toda la región, nahuas, otomíes y masapijní de la Sierra del Norte de Veracruz e Hidalgo y de la Huasteca se juntan allí desde cuando los padres agustinos los convocaron el segundo viernes de cuaresma. A la misa de siete van llegando los que caminaron toda la noche, desde Viborillas o Huayacocotla, con su corazón agrandado a la vista del santuario. Los de Tejocotes ven el amanecer en San Nicolás Atecoxco y sus pies cansados toman fuerza cuando divisan las casas de San Agustín. Los de Ayotuxtla llegaron desde ayer a las proximidades en la micro para completar el tramo a pie, como Dios manda.

Allí están los padres de Huejutla confesando en la iglesia llena, cada quien con su cera, esperando a que acabe la ceremonia para pasar a saludar al Señor. “Mira Señor, que estoy cumpliendo mi promesa. Para que cures a mi hija. Porque mi mamá se alivió del cáncer. Mi muchacho volvió del norte y aquí está para darte gracias”.

El Señor de la Salud es un cristo que sufre. El pobre Jesús, le dicen. Le sale sangre de su piel y por los clavos que pegan sus manos a la cruz. “Y padre Jesús es como nosotros”, dicen. “También pobres, viviendo en lucha y perseguidos por los grandes, por los caciques y por el diablo. Igual que Él”.

 

También en la comunidad de Jalamelco, no lejos de San Agustín, escogieron como patrono al Señor de la Salud, allí entre Molango y Xochicoatlán, Hidalgo. En Jalamelco, la comunidad amenazada por las minas de manganeso, también se hace la fiesta del Dos Viernes. Y la gente de Jalamelco dice: “Al Señor de la Salud lo persigue el diablo de viernes en viernes hasta matarlo en la Semana Santa. Así dice la historia que cuentan los otomíes. A nosotros nos persigue el gigante llamado Minera Autlán que quiere entrar a desbaratar el territorio con sus minas. Nosotros somos como el Señor de la Salud, dicen. A él le quitaron su vestido. A nosotros nos quieren quitar nuestro vestido común que es nuestro territorio”.

Y es que la Minera Autlán lleva años intentando instalarse en la comunidad para explotar la tierra y obtener manganeso: el mineral que se utiliza para la producción de acero y ferroaleaciones. Jalamelco es la puerta para entrar en las otras comunidades de la cordillera. Ya hay minas a cielo abierto en Nonoalco, abajo de Zacualtipan; en Naopa, cerca de Lolotla, y en Otongo.

Pero el Señor de la Salud está del lado de Jalamelco y en contra de la Minera, dicen. Así se sabe porque desde hace cuatro siglos, cuando lo trajeron los padres agustinos, siempre el Señor de la Salud ha estado del lado de la gente. Por eso hoy llegan de toda la Sierra y la Huasteca a visitarlo, para que haya salud, para que el diablo no gane y para que los territorios de las comunidades se respeten y nadie entre a desbaratarlos.

Levanta su voz Desiderio, de los que allí están desde siempre animando: “La minera compró las conciencias de  un grupo de la comunidad y les dio dinero para construir la capilla de la comunidad. Los controlados por el PRI. Les prometieron trabajo en la mina que quieren abrir. Eso no lo podíamos aceptar y nos salimos de la iglesia para reunirnos en una galera. Nos nombraron los galerianos y ese nombre adoptamos. El nombre nos distingue como los que estamos en contra de que entre la minera”.

 

En la fiesta del Señor de la Salud los galerianos organizan la Feria por la Salud y la Vida. Para resistir hay que poner por delante la creatividad. Es la resistencia creativa. En la feria aparece todo lo que ellos producen y diseñan: cucharas de madera, cestas, chocolate, pan, galletas, tamales, productos de estambre, manteles, servilletas, cestas de rafia, dulces de jamoncillo. Toda la hechura sirve para juntarse y para pensar también en cómo impedir que llegue la Minera Autlán. La creatividad ha sido parte de la resistencia. Con la organización ganaron la votación para nombrar al delegado ya por dos años seguidos. El espacio de autoridad les permite ocupar la cancha para la feria.

Mostrar la importancia de la tierra, de cómo nos alimenta y nos da la mejor comida, ha sido una estrategia de educación y resistencia por parte de la gente de Jalamelco. No se han comprado la idea de una vida mejor trabajando para una minera, cuando la riqueza natural que tiene Jalamelco es la mejor vida, la vida buena. La alegría ha sido otra manera de resistir. Está difícil estar contentos en medio despojo, pero si los poderosos se roban la alegría, se roban la fuerza para enfrentarlos.

En Jalamelco se inventan canciones, se hacen artesanías, fabrican pomadas e infusiones y recetas de quelite. El grupo se reúne en la galera para celebrar. Por eso los quelites que se dan en Jalamelco se llaman quelites de alegría. Es lo que todos los campesinos desean: que la fiesta refuerce la conciencia, que haya respeto, que no entre minera alguna y que el Señor de la Salud siga de su lado.

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