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EL VIAJE. MEMORIA DE RECORRIDOS HACIA LA PROCLAMACIÓN DE LA REPÚBLICA DE TULE

Jesús Alemancia

A la memoria de Olonibiguiña,
Dibin y Luis Walter, guerreros del alba.
“Buen viaje para los guerreros 
que a sus pueblos son fieles”:

Luis Llach, Viaje a Ítaca

 

Veinte brazos levantan remos. A ritmo de furia, en silencio, arropados por las sombras de la oscuridad, van abriendo camino sobre el mar. El abuelo, el principal, es uno de esos brazos.

Sólo los golpes de los remos acompañan el dolor que guardan los corazones de los viajeros.

Viaje de recuentos de ofensas, maltratos, opresiones que levanta el olor de la sangre de los caminos. Conversa con los viajeros el abuelo. De sus labios brotan palabras: “no hablemos del miedo a la muerte, sobre esta tierra la muerte nos acompaña siempre, nos hace hombres, porque es de hombres morir. Pensemos en nuestro pueblo, en nuestra historia, en los caminos recorridos”.

 

Bote rebelde revienta las olas; desde las profundidades del mar, voces se escuchan, cantos de vida riegan el viento. El abuelo recuerda historias, imágenes se abren pasos en su memoria. Fiestas y asambleas de pueblo disuelto, tinajas rotas, mujeres en bailes de carnaval impuesto, represión y cárcel invadiendo las aldeas.

Corazones de fuego alumbran el horizonte nocturno, luces opacas de la aldea aparecen y desaparecen entre las olas. Veinte brazos preparan fusiles; machetes reflejan las estrellas fugaces; manos rudas empuñan macanas. El abuelo siente y piensa, piensa y siente. Lágrimas recorren su rostro.

Las imágenes vuelven a invadir el espíritu del abuelo, viajan por las profundidades de su pupila; se desata la tempestad; águilas, jaguares, serpientes, espíritus de la selva lo acompañan por el sendero de sangre.

 

A mitad del camino, en una isla desierta, un último soplo al fuego de la resistencia se comparte. Desembarcan los comuneros, cuerpos trémulos agitan la arena. Un fuerte viento con olor a mar los sacude; los verbos de la guerra y la muerte se conjugan entre las manos y brazos de los guerreros frente a lo que viene. El viento sigue su ruta entre las palmeras.

El bote vuelve a partir. Veinte brazos levantan remos. Habla el abuelo nuevamente: “antes del alba, hemos de volver a nuestras aldeas, antes de que aparezca el abuelo sol con su sombrero de combate puesto. Ya sabrán los extraños qué caminos decidimos recorrer”.

 

(Publicado originalmente en Pueblos en Camino)

 

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| Jesús Alemancia, autor kuna de Panamá. Actualmente trabaja narraciones cortas sobre la proclamación de la República de Tule en 1925. En La sombra de la memoria recrea las distintas travesías del periodo a lo largo de la costa de Kuna Yala: “La sombra de la memoria nos habita en la penumbra. Sólo que está sola en este olvido permanente que nos niega y habitamos. Sola en la multitudinaria ausencia que perdura. 100 años hace que los vencidos vencieron y los extraños supieron, saben y así sabrán el rumbo de la dignidad que decidimos recorrer”.

 

 

 

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