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RACISMO EN EL NEOLIBERALISMO

Alicia Castellanos

• DE “NOTAS PARA ESTUDIAR EL RACISMO HACIA LOS INDIOS DE MÉXICO”, 2001


La globalización de la economía y la cultura, la creciente presencia de los indios en las ciudades y la lucha por los derechos colectivos de sus pueblos constituyen el nuevo telón de fondo de unas relaciones interétnicas conflictivas, atravesadas por nuevas ideologías racistas. El racismo encuentra espacios para su expresión en los ámbitos privado y público, y se difunde o reduce en los distintos momentos de cambio sociocultural, en la interacción social directa y en el imaginario social.

Las formas del racismo son distintas hacia las comunidades y pueblos indios rebeldes en la historia, como los yaquis (en el noroeste) o como los zapatistas (en el sudeste) que disputan hoy sus derechos, y las poblaciones rarámuris (en el norte-centro) que se replegaron y se han mantenido en lo posible más alejados del mundo mestizo, aquellos con una inserción fuerte en la dinámica del desarrollo regional, asentados en regiones ricas en recursos estratégicos. El racismo en México puede ser abierto y diferencialista, ocultarse en el añejo liberalismo y en el nacionalismo revolucionario incluyente del indio del pasado, en una ideología de la multiculturalidad y de la seguridad nacional para eliminar al otro.

El modelo neoliberal impone nuevas relaciones con los indios. Particularmente, los procesos de privatización van abriendo la brecha entre los pueblos, los pobres y los ricos. La reforma del artículo 27 de la Constitución abre al mercado las tierras ejidales y comunales de las comunidades campesinas indígenas y no indígenas, y profundiza la exclusión social y étnica.

El levantamiento de los mayas zapatistas, “el primer movimiento indígena contra-neoliberal de fines de milenio”, inicia un cambio en las relaciones interétnicas, sobre todo cuando luego de un largo proceso de diálogo y negociación entre el gobierno y los zapatistas se firman los Acuerdos de San Andrés Sakamch’en. El fin de un conflicto histórico y una nueva relación entre Estado, Nación y pueblos indios basada en el reconocimiento de los derechos colectivos y de su autonomía quedan pactados y serían traducidos a ley. No obstante, las fuerzas de la guerra se imponen, el gobierno se retracta de la firma, y hace una contrapropuesta que despoja el sentido de la autonomía de los pueblos reconocida en los acuerdos. Hay también presión de los grupos de poder local, regional y de los empresarios nacionales y transnacionales por la existencia de recursos estratégicos en la zona norte, altos y selva de Chiapas. Los indios rebeldes que declaran la guerra al ejército federal bajo el mando del supremo gobierno se enfrentan a la tecnología del poder.

La militarización de las regiones indígenas, como en Oaxaca y Guerrero, y la exacerbación del conflicto étnico con la aprobación de la ley indígena sin autonomía para los pueblos muestran un cambio profundo de las políticas del Estado hacia los indios en el nuevo milenio, en relación con la voluntad que prevaleció durante el diálogo y la negociación para distender los conflictos, recomponer los vínculos sociales y construir nuevas relaciones entre Estado, etnias y Nación. El despliegue militar en estas regiones no es un signo de guerra, es la guerra de contrainsurgencia. La sustitución de la política por la fuerza ha sido una tendencia y un potencial de conflicto que puede conducir a la ruptura aun mayor del tejido social y a nuevos levantamientos indígenas, y dar paso, incluso, a un racismo de Estado que con su tecnología, recursos y poder está produciendo un etnocidio y poniendo en riesgo la débil cohesión social en algunas regiones.

Para estudiar el racismo hacia los indios en México es preciso reconocer la evolución de sus contenidos, formas y niveles, y las ideologías que lo encubren en la historia reciente, las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales en que éstas se producen, cambian y persisten. Partir de la diversidad étnico-regional y de las posiciones de poder de los actores que sustentan representaciones racistas y apoyan prácticas de exclusión es una condición para identificar lo diverso y lo común de los discursos, prácticas y niveles del racismo. Hay incluso formas de percepción más vinculadas con un racismo biológico que pueden expresarse abiertamente en los espacios de pertenencia, y otros más ocultos sostenidos por individuos y grupos en posiciones de poder. Esta búsqueda por encontrar la variabilidad del racismo en los espacios social y geográfico regional no niega la existencia de un sustrato ideológico común y políticas hacia las poblaciones indígenas que ya no buscan su legitimidad en el nacionalismo revolucionario de Estado, debilitado frente a las fuerzas del neoliberalismo, ni la unidad de sus expresiones en el contexto del modelo neoliberal.

La exclusión de los pueblos indios de los beneficios del actual modelo de desarrollo se profundiza con la continuidad del proyecto neoliberal. Las condiciones para construir una sociedad pluricultural en México son favorables desde el punto de vista de la conciencia y organización de amplios sectores de la población, pero adversas porque la cuestión indígena no ha sido una prioridad en los programas de gobierno; además, predomina en su liderazgo un criollismo y un hispanismo excluyente del indio. Desde el debate parlamentario suscitado por la reforma del artículo IV constitucional, a principios de los años noventa, sobre los derechos culturales de los pueblos indios, y el sostenido a la luz del levantamiento indígena en Chiapas y los Acuerdos de San Andrés, predominó una oposición al reconocimiento de sus derechos a la autonomía bajo el argumento del peligro de la separación y aislamiento de la Nación.

La “ley indígena” aprobada por el Congreso de la Unión en abril de 2001, luego de la exposición de motivos en defensa de la Ley Cocopa por dirigentes indígenas en una inusitada aparición ese año en la tribuna del Congreso, no reconoce la figura de pueblo, ni el territorio, ni reconoce a las comunidades como sujetos de derecho público. Las consecuencias de una ley que mutila los derechos pactados en San Andrés son inestimables, toda vez que los pueblos no disponen de un instrumento jurídico para preservar y defender sus recursos y su territorio, por más que su identidad puede reproducirse fuera de los ámbitos de su organización. Esta ley y el debate que suscitó entre los actores involucrados en el conflicto revela el racismo hacia los pueblos indios y expresa la relevancia de su estudio.

Los desafíos para combatir el racismo y lograr el reconocimiento de los derechos de la libre determinación de los pueblos indios en México signado en los acuerdos son muchos, pese al acervo de valores proclives a la multiculturalidad y a la democracia. En estas condiciones es imprescindible reconocer la naturaleza del conflicto, de la diversidad sociocultural y regional, y del racismo para advertir la complejidad de las condiciones que el modelo neoliberal impone y de los intereses en pugna, así como los retos para el análisis.

De la parte final del ensayo “Notas para estudiar el racismo hacia los indios de México”, publicado en Papeles de población número 28, Universidad Autónoma del Estado de México, 2001. Adaptado por Ojarasca.


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