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VOCES LEJANAS

Lamberto Roque Hernández

El viernes voy a llevar a vender garbanzo y unos almudes de frijol grueso.Mira que necesitamos para los gastos de los muchachitos ora que van a salir al bailable. La maestra los comprometió que según porque el Amado y la Angélica son muy buenos bailarines. No saben tus hijos y esa señora en la chingadera que nos meten. Pues hay que hacer gastos y no tenemos dinero a la mano. Cuando comienzan el año se gasta bastante en los útiles escolares.  Y luego en las cooperaciones para las fiestas del día del niño, del día de la madre, en los desfiles y todo eso. Los uniformes. Zapatos.

Así ha sido siempre. Mucho gastadero. Aunque hay que cumplirles, no hay de otra. Según pues que la educación es gratuita… y mira. Ni modos que los chamacos se queden con las ganas de hacer sus cosas. Ya son otros tiempos y ya que nosotros no tuvimos la oportunidad de estudiar, pues ellos tienen que aprovechar y nosotros ayudarles. Además ya casi están saliendo de la primaria y en poquito tiempo ya no nos van a dar más guerra. Ya ves que muchos lueguito de salir de sexto se van lejos. Se van con alguien o se casan. O nomás ya no piden.

Ojala que el Amado y la Angélica quieran seguir la secundaria.

Voy a vender dos fanegas de garbanzo porque está nomás estorbando en el corredor. Ya vez que casi no lo comemos. Esponja mucho, y antes de que se pique hay que sacarle algo de ganancia. No. No lo voy a llevar todo, voy a dejar dos costales sólo para revolverlo con ese maíz biullitoy picado que dan los del PRI y seguir engordando  los cuches. ¿O tú que dices?

No vayas a decir después que solamente yo dispongo cuando me llevo algo a vender. Ya ves que la otra vez cuando vendí las dos chivas y el chivato orejón primero no me dijiste que no me los llevara pero después te encabronaste toda una semana. Hasta llegué a decirte que querías más a tus animales que a mí que soy tu mujer.

¿Por qué no mejor vamos juntos el viernes? No vayas a trabajar. Ayúdame. Mira pues que yo sola tengo que poner los bultos en la carretilla. Después hay que subirlos a la camioneta de alquiler. El mercado se pone hasta el gorro de gente, y para llevar la carga hasta el callejón de semillas está trabajoso.

Anímate.  Mira, después de vender vamos los dos solitos a la barbacoa de chivo calientita y luego te invito una nieve.

¿A poco no aguantas veinticuatro almudes?
Sí… sí los aguanto… pero quiero que me acompañes.
Ta bueno, pues por ahí hubieras empezado. Déjame dormir, mañana le digo al don Martin que me dé permiso.
Gracias, te quiero mucho.
Yo también.

 

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| Lamberto Roque Hernández,escritor y artista gráfico originario de San Martín Tilcajete, Oaxaca. Vive en Oakland, California.

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