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TEPOZTLA IN TLAMANTILIZTLI TLEN MOCAHUA

Carlos Cuellar

Tepoztla in tlamantiliztli tlen mocahua/Tepoztlán, la tradición que nos queda. Edición del Colectivo Altepeyolotl ([email protected] gmail.com), Tepoztlán, 2018. Investigación y texto: Carlos Alfonso Cuellar Ríos. Fotografía: Daniela Garrido Méndez y Elir Negri Lavín.

Tepoztlán es un municipio de origen nahua ubicado al norte del estado de Morelos, 75 kilómetros al sur de la Ciudad de México. De acuerdo con datos del INEGI, en 2015 contaba con 46 mil 946 habitantes. El municipio está integrado por la cabecera municipal y siete comunidades originarias alrededor, que se erigen a la par de espectaculares formaciones montañosas forjadas por la actividad de los volcanes del corredor biológico Ajusco-Chichinautzin y esculpidas por la erosión del agua y el viento. Por su belleza natural, por su cultura ancestral, y por su cercanía a la Ciudad de México, Tepoztlán posee un gran potencial turístico, lo que lo ha hecho acreedor del programa de Pueblos Mágicos desde 2002. Esto ha acarreado un flujo masivo de turismo que ha acelerado la transformación de su estructura económica y por lo tanto de su entorno cultural.

Esta acelerada urbanización del municipio ha ido transformando el modo de vida rural en trabajos dependientes del turismo, los servicios y el ámbito profesional. Los cambios que se viven en el pueblo se dan en todos los niveles y son tan vertiginosos que incluso en un solo día puede cambiar radicalmente el paisaje o la arquitectura ante los ojos de los pobladores acostumbrados a ver el mismo entorno durante años.

Con el cambio progresivo del modo de subsistencia campesino, se ha perdido gradualmente la conexión de la comunidad con la naturaleza y los fenómenos meteorológicos relacionados con la siembra de temporal. Los rituales de petición de lluvia, antes presentes en todo el municipio, han ido desapareciendo principalmente debido a que la subsistencia local ya no depende del temporal para la siembra y ahora se subordina a las nuevas actividades económicas. Actualmente sólo cuatro comunidades del municipio continúan con la tradición de petición de lluvias y sólo tres barrios de la cabecera siguen sembrando la milpa del Santo a través de la organización de trabajo comunitario tradicional llamada coatequitl. Esta milpa comunitaria se emplea para cubrir las necesidades económicas de las iglesias de los barrios.

Don José Hernández Ortiz, de 91 años de edad, aún trabaja el campo y es una de las pocas personas que siguen asistiendo cada año a cooperar con la milpa del barrio. Don José cuenta cómo era el trabajo y la participación de la gente en esta labor, cómo era la vida del campesino a mediados del siglo pasado, y nos ofrece un recorrido por la historia reciente de la milpa de subsistencia en Tepoztlán, describiendo los factores que han ido transformando este modo de trabajo hasta casi desaparecerlo.

La milpa del Santo siempre había sido reconocida por los barrios. Cada barrio tenía su milpa. Por entonces, todos los señores del barrio la trabajaban. En esa época había nomás una variedad de maíz que le llamaban Tepalcingueño, era un maicito así bonito, delgado, pero ese maíz era muy bueno, muy bonito, muy blanco y se vendía mucho, pesaba. Era otra época porque de ahí mismo se sacaba toda la semilla para seguir sembrando y ahora ya no se puede. Ahora el maíz que sembramos tenemos que estar comprándolo cada año, porque si sacamos el mismo y lo sembramos ya no da y el de antes sí, tardó muchos años esta semilla hasta que vino esta semilla híbrido que le llaman y ahora tenemos que comprar cada año. Ahorita hay muchas variedades, entre más caro el bulto de maíz es mejor, y uno como no tiene compra del baratito y ese maíz pues no dura porque se pica pronto, y el caro hay de mil, de tres mil el bulto, son cuarenta kilos y ese es el bueno.

Antes había gente que venía a comprar el maíz desde Cuernavaca, o si no, había unos que compraban maíz y se lo llevaban, entonces para nosotros entre más sembrábamos era mejor y ahora no. Por ejemplo, yo coseché y no he vendido ni un cuartillo desde enero, ya no se vende, y antes hasta andaban buscando a ver en dónde venden maíz y luego se llevaban por diez y veinte cargas todo lo que teníamos. La milpa del Santo llegó a treinta, cuarenta, cincuenta cargas cuando se daba más, pues está grande el terreno. En esa época una carga era muy barata, valía cien pesos, cien cuartillos por carga, a peso sería el cuartillo, muy barato, pero para nosotros era caro que nos pagaran cien pesos, diez mil pesos ya eran buenos, con eso alcanzaba para mantenernos casi todo el año. Los panes eran de a tres por cinco, y si no se vendían, al otro día los vendían más baratos, y así íbamos a comprar dos centavos, de queso cinco centavos, todo era de centavo, ni llegaba a un peso.

Estamos hablando de 1940-45; del 50 para acá ya comenzó a cambiar la situación, porque empezaron otras cosas, después de que entró la carretera ya empezó a entrar mucho comercio, ya cambió la situación, ya había otros alimentos y traían verdura de otros lados, ya en las tiendas vendían otra clase de comida y así se fue cambiando poco a poco y hasta que ya cambió. Mira, ora ya no, ya no es como antes. Ora ya no quieren trabajar el campo, ya casi todos quieren trabajar en la ciudad. Es que en el campo pos ya casi no deja, se sufre mucho y pues no tiene valor el trabajo ya, es muy barato, los jóvenes ya no quieren, se les invita a trabajar, a ir al campo y ya no quieren ir, ya tienen otra costumbre. Ora ya todos quieren trabajar en las fábricas, en casas, pero ya en el campo no. Ya la gente no acude a la milpa del Santo. Aquí el mayordomo hace por que la gente vaya y no va, invita y van unos cinco, seis. Ya no, ya no es como antes y no les interesa, ya cambió su idea, ya el campo no les gusta, y fíjese que vivimos por el campo. Me decía un señor: “Nomás los campesinos se pusieran a huelga, a no trabajar, a no sembrar, ¿de qué vamos a vivir?”, pero muchas veces el gobierno no ve eso, él trata de meter industrias y pierde tierras buenas, todo se está acabando y así es adonde quiera.

Ya nada más los barrios de Santa Cruz, La Santísima y Santo Domingo tienen sus milpas, porque San Miguel y San José vendieron. Ya se está acabando esto, quién sabe en un futuro cómo va a ser.

Además de los rituales de petición de lluvia y las milpas comunitarias, el peregrinaje por antiguos caminos reales, la musicalidad, la danza y el arte que engalanan y dan vida a las fiestas y rituales tepoztecos son expresiones de la religiosidad popular que también se encuentran en un proceso de transformación similar.

Hoy en día existen varios esfuerzos por parte de los protagonistas de estas tradiciones por preservarlas o rescatarlas. Su continuidad depende del apoyo que le den los habitantes de Tepoztlán a esta importante y necesaria labor, pues las costumbres que integran la vida cultural tepozteca forman parte fundamental de su identidad y estructura organizativa, así como del cuidado y defensa de su territorio. Preservar la tradición es preservar el Tepoztlán que conocemos hoy, el Tepoztlán que nos queda.

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