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ARGUEDAS, EL INDISPENSABLE

HERMANN BELLINGHAUSEN

En 1938, el indispensable peruano universal José María Arguedas dio a conocer sus transcripciones y versiones en castellano de cantares que escuchó “en la sierra del Perú”, algunas de ellas entonadas por “cien, doscientas voces de hombres y mujeres” en calles y plazas andinas donde la canción se nace. Buen cuidado tiene en aclarar que estas canciones no eran tradicionales sino, a la sazón, modernas. Por ello acompañó la edición original del Canto Kechwa con Un ensayo sobre la capacidad de creación del pueblo indio y mestizo (la más reciente es de Editorial Horizonte, Lima, 2014). Admite que no todas las canciones fueron compiladas por él, sino que algunas se las proporcionaron sus “amigos y músicos serranos” Moisés Vivanco y Fernando Gómez Negrón.

Arguedas (Andahuaylas, 1911-Lima, 1969) es, en y para Perú, el autor y pensador nacional más importante y entrañable. Sus novelas (Ríos profundos, Todas las sangres, El sexto) poseen una fuerza estremecedora, quizás única en nuestra lengua, a no ser por José Revueltas. Pensador, ensayista, poeta, antropólogo, en 1936 fundó con Augusto Tamayo Vargas, Alberto Tauro del Pino y otros, la revista Palabra, en cuyas páginas se expresaban derivaciones del pensamiento seminal de José Carlos Mariátegui. En 1964 fundó la influyente revista Cultura y pueblo, de la que salieron 20 números hasta 1970, cuando fue interrumpida por su sonado suicidio.

Siendo un autor central, siempre fue criticado por la intelectualidad cosmopolita de derecha. Además de la depresión y la condición trágica, se atribuye su suicidio a las críticas de Sebastián Salazar Bondy. El cachorro respondón Mario Vargas Llosa publicó una pretendida demolición de su impacto cultural y político: La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo. (Fondo de Cultura Económica, colección Tierra Firme, México, 1996). Fiel a su fanatismo neoliberal y occidentalizante, Vargas Llosa (deudor de Arguedas en sus primeras obras) despliega todas sus ideas sobre el Perú que no entiende, y da por muerto al indigenismo por las razones equivocadas. Detalla con inteligencia y crueldad el desagarramiento interno del escritor, que bien puede ser el de su país, y desde luego, en el extremo contrario, el del propio Vargas Llosa, a quien tanto le pesa ser peruano y latinoamericano, y que tan pobre comprensión tiene de los pueblos originarios.

El gran aporte de Arguedas fue romper los velos del racismo y elevar con su acción y su obra la dignidad de los pueblos de región andina, sus lenguas y su verdadera historia. En la página siguiente se presentan dos canciones que parecen escritas hoy mismo, con la crisis nacional en curso y el protagonismo de los indígenas peruanos.

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