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FLOR MARCHITA

ELIZABETH BRUNETE

Hablemos de las flores, de esas hermosas rosas que gustan tanto a las mujeres, de los preciosos girasoles que pareciera que no pierden su color, e incluso las siemprevivas que persisten con su esencia, podrían pasar años y mantendrían esa frescura en sus flores. Alguna vez me pregunté qué pasa con las flores que no son vendidas, las que ya han sido arrancadas, maltratadas por tantas personas que es difícil conseguir a alguien para que al menos las quiera llevar a su casa.

Ayudé a mi madre a regar y cuidar sus plantas, ella les dedicaba todo su amor. Es difícil recordar cuántas veces escuché que una flor sólo se marchita si la cortas, porque son olvidadas cuando no son hermosas, cuando no tienen vida y que ya no importaba, cada una sin excepción alguna era reemplazada por una más lozana. Y así es como inicia mi historia.

Las ramas secas entraban en mi suave piel. Sentí algunas partes sangrar, pero nada tan intenso como la adrenalina que sentía sobre mi cuerpo, la misma que me estaba obligando a seguir corriendo. Mi respiración cada vez era más entrecortada. Mis piernas comenzaban a desequilibrarse, tropecé con algunos troncos secos y mi corazón estaba latiendo a gran velocidad. Aún sentía cómo me miraban a lo lejos, sentí mil ojos sobre mí en todas partes, los árboles parecían ocultarlos.

Miré hacia atrás y vi cómo estaban cazándome. Como si fuera una más de sus presas, él estaba corriendo aún más rápido que yo y cada vez estaba más cerca de mí. Fue sólo un minuto en el que me paré a mirar mi suéter que ya se había roto de algunas partes cuando sentí sus brazos a mí alrededor, él me había alcanzado. Pataleé, grité con todas mis fuerzas. Pero sabía que era en vano, nadie me escucharía porque estábamos solos.

Sentí sus frías manos colarse por mi blusa y en un respiro todo se volvió gris. Dejé de forcejear con él, era claro que tenía más fuerza que yo, sentí cómo me golpeaba, pero el dolor ahora era anestesiado por la desesperación que sentía en mi corazón. Había corrido tanto y aun así él me había ganado. Cerré los ojos.

El sonido de una cortina deslizándose era lo único que escuché, me pesaban los ojos, quería dormir. Me había traído a este lugar, a este exhibidor para venderme, tal vez para que el mejor postor diera su dinero por mí y sólo así vieran como iba secándome poco a poco. Vi cómo una silueta se acercaba a mí. Comenzó a tocarme y su mirada me daba nauseas, quise gritar, pero mi voz era tan sólo un hilo de sonido, inevitablemente mis ojos se llenaron de lágrimas, apenas y pude sentir cómo resbalaban por mis mejillas.

Me estaba apagando, esa brillante flor se estaba marchitando. Apreté mis ojos con mucha fuerza, quería que ese mal sueño terminara, pero jamás lo hizo. Entreabrí mis ojos y pude ver cómo un cuerpo estaba contra el mío, si tan sólo pudiera describir lo que estaba sintiendo, me desvanecería de esa desesperación en mi pecho.

Yo era parte de este lugar sombrío al que difícilmente volteas a ver. A mí también me habían arrancado de mi jardín, a mí también me dejaron secar y ahora yo también era una flor marchita.

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