VOCES ORIGINARIAS DE COLOMBIA / 314 — ojarasca Ojarasca
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VOCES ORIGINARIAS DE COLOMBIA / 314

MIGUEL ÁNGEL ROCHA VIVAS/FREDY CHIKANGANA/MIGUELÁNGEL LÓPEZ-HERNÁNDEZ/RAFAEL MERCADO EPIEYÚ/ALIBATOR/ YENNYMURUYANDOKE/FRANCELINA MUCHAVISOY BECERRA
El especialista Miguel Ángel Rocha Vivas escribe: “En Colombia continúan vigentes tradiciones mítico-literarias que nos hablan de los tiempos anteriores a la llegada delos europeos y los africanos; tradiciones cuyas manifestaciones suelen ser ancestrales y contemporáneas a la vez y que, por tanto, no son formalmente precolombinas, aunque poseen sus orígenes en ese gran periodo, o más bien, su ‘gran origen’”. Apunta que sus compilaciones Antes el amanecer y El sol babea jugo de piña “no compendian propiamente letras precolombinas; aspecto que las diferencia de lo que proponen, según sus propias posibilidades culturales, algunos investigadores de las literaturas del México y el Perú antiguos. Aquí no hubo una figura colonial, extranjera o local, cuya obra mítico-literaria de raigambre indígena trascendiera hasta la actualidad, como la de un Fray Bernardino de Sahagún o un Guamán Poma de Ayala.

El periodo oraliterario es inicialmente el de los escritores indígenas que recogen, traducen y escriben literariamente las tradiciones de sus comunidades (es el caso de Miguel Ángel Jusayú y Alberto Juajibioy Chindoy), pero también se define por un tipo de obras en que se busca expresar una visión propia sobre la actualidad de la comunidad, visión que combina la mirada externa con las voces de reflexión colectiva (como sucede con Briscol y Ramiro Larreal). En la actualidad el periodo oraliterario se relaciona cada vez más con la creación inspirada en las problemáticas (Estercilia Simanca Pushaina) y valores ancestrales de las comunidades (Hugo Jamioy, Miguelángel López y Fredy Chikangana).

ROCHA VIVAS ha realizado y analizado la literatura de los pueblos originarios de Colombia en diversas compilaciones, como Antes el amanecer, El sol babea jugo de piña, Flores del diamante, Pütchi Biyá Ua: Antología multilingüe de la literatura indígena contemporánea en Colombia (de donde proceden algunos de estos poemas) y Pütchi Biyá Uai: puntos aparte (II).

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TODO ESTÁ DICHO / LLAPA ÑISCCAY
FREDY CHIKANGANA
WIÑAY MALLKI

(YANAKUNA)

TODO ESTÁ DICHO
No tengo nada que decir
sobre el tiempo y el espacio
que se nos vino encima.
Todo está dicho.
Que hablen los ríos desde su agonía,
que hablen las serpientes
que se arrastran por ciudades y pueblos,
que algo digan las palomas
desde sus ensangrentados nidos;
yo,
hijo de tierras ancestrales,
no tengo nada que decir.
Todo está dicho.
Esos soles transcurridos
también algo tendrán en su memoria,
aquellas lunas que lloran con la lluvia
algo tendrán en sus recuerdos de amargura,
los árboles, los peces,
el último arco iris venerado
tendrán algo entre sus quejas;
yo,
hijo de dolores y esperanzas,
nada tengo que decir.
Todo está dicho.

 

LLAPA ÑISCCAY
Mana kquepiricuy imañiy
jahuapi pachapay ima pachapayri
hamuycay pataman.
Llapa ñisccay.
Ima rimarichiy yakucuna huañunayaymanta,
ima rimarichiy amarucuna ima aysacay
rayku hatun- llanta llaktaricuna,
ima imallapas ñiy urpikuna
yahuarchasccamanta kquesa
ñuka,
churo pachamanta ñaupacuna
mana kquepiricuy mana-ima ñiy.
Llapa ñisccay.
Intichay ñaupariy
imapas causayniyok-cay yuyay,
killachay ima huaccay tamiacunahuan
imallapas yuyaycay llakimanta,
sachhacuna, challhuacuna,
puchucakpay k’uichi yupaychanapak
imallapas huay-huapura
ñuka,
churi nanaycunamanta suyananchiri
mana ruranaymi imañiy.
Llapa ñisccay.
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FREDY CHIKANGANA (Fredy Romeiro Campo Chicangana) también conocido por su nombre quechua Wiñay Mallki (“raíz que permanece en el tiempo”), es originario de la nación yanakuna (yanacona). Nació en 1964 en el resguardo de Río Blanco, Yurak Yaku, departamento del Cauca, al suroccidente de Colombia.

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MIGUELÁNGEL LÓPEZ HERNÁNDEZ
VITO APÜSHANA
(WAYUU)

VIDA
Por la fuerza de estar vivo,
siguen los frutos del cactus alimentando la paz de los pájaros.
Siguen mis ojos encontrando
a Iwa y Juyou*
Siguen los sueños conciliándonos con nuestros muertos.

* Estrellas: Las Pléyades y Arturo.

KATAAKAA–O’U
juka jütchin tü kataakat o’u eeyülüja
juchon yosu ekajirüin na’anamiain na uchiikana

eesü tü to’ukalüirua antüin jünain
Iiwa jüma Juyo’u
eesü tü lapükat antire’e rüin waya nama na waamakakana

VIVIR-MORIR
Crecemos, como árboles, en el interior de la huella de
nuestros antepasados.
Vivimos, como arañas, en el tejido del rincón materno.
Amamos siempre a orillas de la sed.
Soñamos allá, entre Kashii y Ka’i, (el luna y el sol) en los predios

de los espíritus.
Morimos como si siguiéramos vivos

KATAA O’U-OUTAA
Mulo’ushii waya, müin aka saa’in wunu’u süchikanainru’u
tü wapüshi sümaiwajatkalüirua.
Kato’una waya, müin aka saa’in alekerü, süsheke’eru’u shi’nüin
wtü weikaa.
Acheküshii waya weinshi sotpa’a tü miaasükaa.
A’lapujaashii waya cha’aya, sainküin Kashikaa je Ka’ikai,
suumainpa’a tü asheyuuwaakalüirua.
Outushii waya müin aka katakai wo’u.
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MIGUELÁNGEL LÓPEZ-HERNÁNDEZ, escritor wayuu. También es conocido como Vito Apüshana y Malohe. Nació en 1965 en Carraipía, en la Guajira colombiana.

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RAFAEL MERCADO
EPIEYÚ
(WAYUU)

LA PALABRA ES JAYEECHI QUE ME ARRULLÓ

La palabra es el espacio infinito de mis conocimientos,
Es el jayeechi que me arrulló en el vientre de mi madre,
Es la que agregó la sustancia sagrada de lo vegetal y de lo animal,
En el agua de la matriz de mi madre para que yo fuera un wayuu.
Fue a partir de la palabra
Para que mi corazón fuera un flujo de pensamientos
Esos que brotan de la espiritualidad que existe en la tierra,
De ahí comprendí sobre el significado de la vida.
La palabra es el silbido de maasí, de sawawa, de wontoroyoy,
La que tejió mi cuerpo, mis huesos, mis venas, mis ojos, mi lengua, todo;
Con la sustancia sagrada de mar, de viento, de sol, de luna, de Noche-Oscuridad;
a partir de ellos comprendo sobre la esencia del ser wayuu
—wayuwaa.

 

TÜ PÜTCHIKAT SHIA TÜ JAYEECHI

KOULIJALAKAI TAYA

Tü pütchikat shia tü süpa ́a sutatuise tü tayawaatakalü au,
Shia tü jayeechi koulijalakai taya süle ́eru tei,
Shia tü eitaakalü süpülain tü wuishiikalü jee müsüja mürülü
Shiroku suwuinse sücho ́unla tei süpüla wayuuinjachin taya.
Yalejeesü sünainje tü pütchikat
Palatataain sulu ́upuna ta ́in wanee jülaa a ́in anasü
Akumalaakat sünainjee süseyuu eekalü süpa ́a mmakat
Yalaka ́a tayaawatüin sau sujutua tü kataakalü o ́u.
Tü pütchikat shia tü niwiira maasi, sawawa, wontoroyoy
Shia tü einanajakat teiruku, teimüse, tasülairua, to ́u, tayee,
supushua
Süka tü pülasükat se ́ejü palaa, jouttai, ka ́i, kashi ́, sawai-piushi,
Yalejeeka ́a tayaawatüin sau tü wayuwaakat.
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RAFAEL MERCADO EPIYEU, escritor wayuu, nació en Manaure (La Guajira). Lingüista de la Universidad Nacional de Colombia. En 2010 obtuvo el Premio Nacional del Ministerio de Cultura y el Instituto Caro y Cuervo de investigación en lingüística con el proyecto La blasonería y el arte rupestre Wayuu. Otras obras son Narraciones indígenas del desierto y Narrativa sobre Lapü (sueños).
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EL SACRAMENTO

ALIBATOR

Cuando Marcos terminó la escuela primaria quería seguir estudiando pero su mamá no estaba de acuerdo. Aunque las monjas a cargo de la escuela apoyaban el deseo del niño no querían contrariar la voluntad de la madre. En aquel tiempo las monjas compraron un caballo para el servicio de la escuela. Invitaron a Marcos a jugar con él. Todo el día se la pasaba el niño trepado al lomo del animal y era feliz.
«No más estudio», decía la madre en casa. «El estudio vuelve a los niños perezosos y resabiados».
La brisa del Caribe refrescaba las tardes de la escuela, a orillas del golfo de Urabá, en territorio del pueblo tule. La sombra del pasillo era buena para la catequesis.
«Dios es uno y trino», le decía una monja. «Ajá», decía Marcos. Y salía corriendo a treparse al caballo.
La madre preparaba la chicha y el madun —bebida de plátano maduro— cocinaba cangrejos, alistaba el cacao. Y seguía con atención todo lo que le pasaba a Marcos.
«¿Dónde has estado hoy?», le preguntaba, agachada al fogón, dejando notar en la voz y en el rostro que conocía la respuesta. «Jugando», respondía Marcos, sudoroso. Su cuerpo desprendía humor de caballo.
Un día las monjas le propusieron que se bautizara. Con doce años, se le había pasado la hora.
«Ajá», decía Marcos, sin interés ni comprensión. En su corazón seguía el deseo de estudiar.
Pasado el tiempo las monjas consideraron oportuno ir a hablar con la madre. Deseaban convertir al niño en hijo de Dios y de las letras.
«Marcos es buen estudiante», habló una, «merece seguir estudiando. Un mar de conocimientos lo espera».
«Además, es bueno que se bautice», dijo la otra, «para que sea un hijo de Dios y no ande por ahí como un animal de monte».
La madre escuchó sin gestos la exposición de las monjas hasta que tomó la palabra. Habló como quien regresa de un hondo discernimiento.
«Estudiará», les dijo, sin rabia, sin cortesía, «pero no será bautizado».
«Un niño tiene derecho a ser hijo de Dios», refunfuñó la promotora del bautizo.
«Y si ha de estudiar deben darle todo: alimentación, transporte, estadía, útiles», concluyó la madre.
Las monjas se fueron de la casa de Marcos con aire triste.
De manera diligente organizaron todo lo necesario para el estudio y los gastos de Marcos. Al poco tiempo el niño se fue al puerto de Turbo, donde cursó la escuela secundaria.
Quedamos un momento en silencio mientras miramos el fogón humeante en la cocina contigua. El viento del Caribe recorre la casa de madera, piso de tierra y techo de palma amarga. Marcos mastica recuerdos.
«Las letras que aprendí», recuerda, «hasta alcanzar una especialización universitaria, no superan lo que mi papá —cacique de la comunidad— me enseñó a lo largo de los años a través de nuestros cantos rituales».
Se mece en su hamaca ayudado de una cuerda amarrada a uno de los horcones de la casa. Sentado en un banco de madera observo su ir y venir. Suelta la cuerda y la palabra que espera turno en la garganta. «Antes de los cinco años», dice, «mi mamá me pintó la cara con tinta del árbol de jagua, signo de que un tule es hijo de Paba y Nana, nuestros Creadores».

La Independencia, Colombia, 2010.

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SABIDURÍA DE MUJER
YENNY MURUY ANDOKE
YICHE

(UITOTO)

En su vientre
una gota de vida
está goteando
Es sal
Es palabra
es
hacha
Allí nacen
el hombre nace
allí
también
nace la mujer
Ya
tiempo
la Madre fue violada
pero ella reclama
ella pide
con esa sal-hecha-palabra
Ya la madre
madre verdadera
madre-mujer
ella se enfurece
Ella dice
«Hombre
no fue usted
fui yo
fue a mí a quien violaron»
«Voy a buscar», dice
«¡tal vez fue que me dormí!»
En la historia de tabaco
así habla la mujer sabia
su palabra no es larga
es como la uña de una mano
es como la uña de un pie.
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YENNY MURUY ANDOKE, también conocida como Yiche, nació en Puerto Santander, Amazonas, en 1970 y pertenece al resguardo indígena del Aduche, río Guacamayas, afluente del río Caquetá. Conoce los dialectos minika y nipode de la lengua uitoto y también la lengua andoke. Posee conocimientos tradicionales como la cerámica, la cestería y el trabajo en la chagra. Comenzó a escribir inspirada en las historias que se contaban durante las reuniones nocturnas en la casa de Oscar Román, padre de su fallecido esposo. En 1998 ganó el Premio Departamental de Poesía, Amazonas, con Versos de sal.

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TIENE LA PIEL DE LOS HIJOS
FRANCELINA MUCHAVISOY BECERRA
TAMIA WAWA

(INGA)

La piel de la tierra extendida
como el color de la piel de sus hijos
unos pedazos blancos
unos pedazos negros
unos pedazos amarillos
unos pedazos rojos
y otros pedazos cafés
Lo mismo que el color de los ojos
negros
azules
verdes
cafés
claros y
grises
A tan hermosos ojos y piel...
terminan enmugrándolos.
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FRANCELINA MUCHAVISOYBECERRA nació en Leticia, en el Amazonas, en 1965 y su nombre tradicional es Tamia Wawa (“Hija de la lluvia”). Pertenece a la comunidad Inga. Se licenció en lingüística y educación indígena en la Universidad de la Amazonía, con sede en Florencia, Caquetá. Entre 1990 y 1991 fue gobernadora de la Organización Regional Inga del Sur Colombiano (ORINSUC), y en 1992 tuvo a cargo el área de educación de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC).
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