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CUIDADO CON EL MESIANISMO

KAJKOJ MÁXIMO BA TIUL

Dicen que la forma más segura de suicidarnos es subirnos a nuestro ego. De la misma forma un movimiento puede autodestruirse cuando se antepone el “ego” al proyecto de país, de nación, de comunidad, etcétera. En América Latina hemos visto desaparecer muchos movimientos, grupos, asociaciones. Caer gobiernos. Porque muchas veces impera el ego organizativo e individual antes que la humildad, como premisa, para articular con otros sectores de la sociedad.

Se antepone la competencia más que la cooperación. El individualismo más que la colectividad/ unidad. El triunfalismo, el fanatismo, y no la nobleza, la templanza. Mandar más que dialogar. En una palabra, los intereses individuales, que es propio del capitalismo corrupto, que va desde buscar un trabajo o un contrato definitivo, más que el proyecto de país, se antepone a las demandas y derechos de la colectividad.

En el escenario político actual de Guatemala, y por el control que ejercen las mafias nacionales y mafias internacionales sobre el país, el Estado y el gobierno, no caben los individualismos, mucho menos los egoísmos, dentro de un nuevo gobierno. Se debe terminar con la idea de partido como vanguardia, el caudillismo dirigencial y el mesianismo triunfalista. Porque si se llega el 20 de agosto, es sólo una escala más del gran pentagrama de la violencia impulsada por el pacto criminal.

Algunos desde hace muchos años hemos estado esperando cambios mucho más profundos y revolucionarios, pero eso ahora es impensable, no sólo porque los cambios no pueden ser conducidos sólo por un partido, sino porque la correlación de fuerzas aún no está a la altura de nuestros sueños.

Hoy a lo sumo y desde la humildad de todos y todas es que se puede instalar una ruta para ponerle freno o limitar por lo menos el abuso desmedido que hacen los corruptos del erario del Estado, pero que de allí se pueda cambiar el sistema en su totalidad, es como tener sueños infantiles.

Pero incluso para que se den estos cambios, el Movimiento Semilla y sus estructuras en los territorios deben propiciar o por lo menos deben estar abiertos a la construcción de una amplia alianza de todas las fuerzas progresistas, y si fuera posible de izquierda, para comenzar a caminar sobre ese horizonte común que es la justicia social y volver a comenzar a construirlo bajo los principios y valores históricos de los pueblos como la comunidad, la reciprocidad, la armonía y el equilibrio, como principios principales de una ética política fundamentada en el arte de colaborar y no competir.

Se debe comprender que la corrupción es solamente una parte del problema guatemalteco y que está controlada no sólo por los peones o perros del pacto criminal (díganse Porras, Curruchiche, Giammattei, Martínez, Monterroso, Orellana, Méndez Ruiz, Falla, Ortega Menaldo, Chay, etcétera), sino que tiene su fuerza en negociaciones con el crimen organizado internacional. Si no es así, cómo se justifica la presencia del Cártel Jalisco Nueva Generación como control de las drogas y otros tráficos, el capital chino, ruso, norteamericano, canadiense con la explotación ilegal de recursos como el jade y la madera en el nororiente del país, que no sólo conllevan que grandes cantidades de dinero se jueguen con la corrupción, sino que con eso se alimentan grandes cantidades de lavado de dinero que van a parar a paraísos fiscales, además de los despojos de tierra y territorios a comunidades indígenas, que son una constante, como los últimos desalojos en Barrillas y Tactic, mientras en las áreas urbanas se sigue gritando ¡fuera corruptos!

Entonces, apenas estamos viendo las sombras de un mal tan profundo. Es por eso que pensamos que estamos luchando contra grupos criminales de todo calibre, que ahora se han apoderado del sistema jurídico guatemalteco y del sistema de partidos políticos, porque saben que por allí tienen que entrar para seguir gobernando y actuando no sólo para debilitar y detener al Movimiento Semilla, sino el posible proceso de liberación del pueblo guatemalteco, acostumbrados estos grupos del mal a mantenernos con miedo e incertidumbre, que en vez de movilizarnos nos desmoviliza.

Hoy sería un error que la separación entre el partido y los pueblos, en vez de achicarla, se ensanche más por desvalores como el oportunismo. Los pueblos no deben ser tomados sólo como sujetos para votar, sino como sujetos históricos para el cambio, porque el reto no es sólo llegar al 20 de agosto, sino de aquí hasta que vuelva a Guatemala la nueva primavera.

Por eso hemos insistido que los pueblos deben ser la vanguardia de todo el proceso, algo que no sucedió en el 2015, muchas reivindicaciones y demandas de los pueblos se quedaron a medio camino, como sucedió con las demandas del proceso de paz. Los pueblos y sus comunidades son ahora el reservorio de las resistencias y rebeldías, y los dirigentes y las estructuras de Semilla y de cualquier movimiento que espera llegar a gobernar no las deben obviar porque sería un error garrafal y esperamos que no lo estén haciendo.

Aquí es donde tiene sentido entonces la norma de los pueblos: el gobierno que queremos debe “mandar obedeciendo”. Si esto no se cumple, no podrá. ser reconocido como gobierno de los pueblos, sino gobierno de los mismos. Hasta la victoria.


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