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NO EXISTEN SOCIEDADES HOMOGÉNEAS / 317

JUAN GREGORIO REGINO

LA DIMENSIÓN COMUNITARIA DE LA DIVERSIDAD CULTURAL Y LINGÜÍSTICA

Hoy en día no existe una sociedad homogénea; la diversidad étnica, lingüística y cultural viste, alumbra y permea nuestro mundo y nuestro pensamiento, como lo ha sido desde la creación de las sociedades. La condición humana es de altos vuelos, de fuertes remos y de caminar incesante, abre fronteras, descubre otros mundos, otras realidades, otras civilizaciones, otros misterios, otros idiomas. El mundo es un constante movimiento de aprendizajes e intercambio. Aun donde no ha existido diálogo ha habido aprendizaje e intercambio.

La diversidad cultural norma nuestra existencia, nuestra cotidianidad está surcada invariablemente por los signos de lo diverso. Cuando hablamos de diversidad cultural también tenemos que referirnos a procesos de depuración y atesoramiento que han dado pie a nuevas configuraciones y realidades, a transformaciones profundas y generadoras de nuevos escenarios, identidades y constructos científicos y culturales. Las sociedades acrisolan lo que consideran útil y bueno, y lo incorporan a su cultura. Acrisolar es un ejercicio interno e integral de cada cultura para sentar las bases filosóficas de su devenir, de su ideal de ser humano, de convivencia social y de desarrollo.

La diversidad cultural se mira de diferentes formas, aunque por ahora la más extendida es la de la Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), que es la que se ha tomado como referente para redefinir el concepto de nación de muchos países. Este organismo internacional aglutina la mirada de los expertos de las diferentes regiones del mundo que se convierten en referentes y se traducen en recomendaciones a los países integrantes de ese organismo internacional. Una de las recomendaciones más destacadas que hay que rescatar es que los portadores de la diversidad cultural sean los protagonistas de los procesos de control, custodia, uso e intercambio de su patrimonio cultural. Esto permitiría, en primer lugar, contar con una visión de diversidad cultural desde los portadores directos del conjunto de culturas diversas en el mundo. Los mazatecos, por ejemplo, creemos que somos nchjon, isieén, nangui, una hebra multicolor del tejido social, un rayo de luz en la intemperie, un puñado de tierra fértil que nos amamanta. Con base en esta visión le damos un sentido a la vida, organizamos nuestro mundo y construimos nuestra existencia. Los organismos nacionales tendrían que buscar la manera de hacer extensivo y desplegar acciones para que cada pueblo indígena y comunidad urbana y afromestiza definan su visión de diversidad cultural de manera que no sólo sea declarativo sino que incida en la vida moderna y en todo el aparato gubernamental de los Estados.

La coexistencia entre las culturas es posible por el contacto e intercambio cultural. En lo lingüístico, tanto las lenguas oficiales como las subordinadas se enriquecen por esta situación, es decir, se acrisolan. El mazateco, lengua que hablo, tiene una columna firme, pero en sus ramas están las pinceladas del náhuatl, del latín y del español con las que ha estado en contacto y la han enriquecido.

La diversidad cultural y el contacto lingüístico, sin embargo, no son fenómenos neutros o aislados; en el proceso de construcción de las sociedades se han ido forjando construcciones teóricas, conceptuales e ideológicas que la han ido definiendo y categorizando, así como un conjunto de paradigmas constitucionales y jurídicos que han tenido diferentes fines. En el caso de México, la diversidad cultural se ha combatido desde la conformación del Estado-Nación independiente, es decir desde la época de la independencia. La construcción del proyecto de Nación quedó en manos de una élite criolla y de algunos mestizos convertidos a la mentalidad dominante que sentaron las bases del nuevo proyecto donde la diversidad étnica, lingüística y cultural se consideró un problema de proporción nacional. En el México posrevolucionario y luego neoliberal se reconoció la diversidad cultural como parte de la composición de la nación, así lo establece el Artículo 2 Constitucional, sin embargo se quedó sólo en lo declarativo, pues no se transitó hacia un Estado pluricultural.

Ante la embestida del Estado, los pueblos y comunidades indígenas y afromestizas crearon estrategias de resistencia desde el fondo de sus entrañas para mantener viva la diversidad cultural. Han superado la esclavitud, las guerras y las campañas de odio, desprecio y humillación contra su integridad física y cultural. Mantener viva la diversidad cultural desde abajo y contra el Estado no es tarea sencilla; nuestros antepasados muchas veces tuvieron que disfrazarse para pasar inadvertidos en un mundo que no era el suyo y en donde no tenían cabida. Es frustrante darse cuenta que en el mundo “civilizado” al que quieren que te incorpores no tiene cabida tu lengua y tu cultura, ocurre entonces que endureces tu corazón pero al mismo tiempo lo abres. Este proceso significa madurar lo que se es y lo que se tiene y paralelamente abrir tu corazón a nuevas experiencias que amalgamados te hacen resistir, crecer y ser más fuerte. Esto es un proceso de aprendizaje que ha dejado que la diversidad cultural siga siendo luz, porvenir y esperanza, que no se ha resquebrajado del todo, que sigue siendo baluarte para la sostenibilidad del mundo.

Al hablar de diversidad cultural tenemos que referirnos no sólo a los pueblos indígenas o afromestizos; en la cultura urbana y migrante (nacional y extranjera) también existen infinidad de expresiones que también son parte de ese conjunto, incluso dentro de la élite dominante interactúan diversas expresiones de diversidad cultural. Sería muy interesante saber qué pensamos los pueblos indígenas de la diversidad cultural de los de arriba. También saber cómo vivimos la diversidad cultural que existe al interior de cada pueblo indígena, la cual también debe ser motivo de atención y reconocimiento. Es importante reconocer que los pueblos nos han enseñado que la diversidad cultural es fuente de creatividad, de empoderamiento, de sostenibilidad, de identidad, de orgullo, de pertenencia y de sabiduría, asimismo la convicción de que ser diferente es ser único y ser único es ser plural.

LA DIVERSIDAD CULTURAL Y LINGÜÍSTICA EN CRISIS

El nuevo régimen de gobierno llega ante una diversidad cultural en crisis. La noción conservadora y liberal de Patria, Estado y Nación se concibió monocultural y monolingüe. Las ventajas de la diversidad y el contacto lingüístico se desestimaron y se privilegió una lengua y una cultura que implicó un proceso de homogenización. Existe abundante bibliografía que da cuenta de formas extremas de homogenización cultural y lingüística carentes de justificación científica, pero con abundante ideología nacionalista.

Las culturas avasalladas han vivido fuertes crisis, pasaron de la sobrevivencia a la resistencia. En muchos casos adoptaron los nombres despectivos que les impusieron, perdieron sus etnónimos, territorios y sistemas de gobierno; sus culturas, sus lenguas y su educación se vieron desplazadas y sus recursos naturales a merced del Estado y del capitalismo. Episodios de barbarie marcaron la mentalidad de una época plagada de ignorancia, soberbia y deshumanización. Políticas de asimilación, incorporación, integración y segregación propiciaron el etnocidio, el genocidio y el lingüicidio.

La idea de unidad nacional en México se construyó con una visión de Estado-Nación uniforme. Al español, lengua de la oligarquía, se le otorgó la categoría y el estatus de lengua nacional, aunque en los inicios del México moderno era lengua minoritaria. Con esta política lingüística las lenguas indígenas quedaron subordinadas y en muchos casos se usaron como lengua puente para alcanzar la lengua nacional. El sistema empleó la educación del Estado como principal herramienta para operar la castellanización, la desindianización y el lingüicidio, y con ello el empobrecimiento, desplazamiento y riesgo de desaparición de las lenguas indígenas. En esta lectura, el Estado aparece como responsable de las consecuencias de esta tragedia. Actualmente, según el último censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2020), reporta que la población hablante de lenguas indígenas suma 7 millones 364 mil 645, lo que equivale a 6.1% de la población nacional, después de haber sido la población mayoritaria. Es decir, gradualmente la población hablante de lenguas indígenas ha venido disminuyendo drásticamente.

En el imaginario nacional se asentaron prejuicios raciales, sociales, culturales y políticos que han causado severos traumas psicológicos a la sociedad indígena, afromestiza y mestiza. En la que denominamos como sociedad mestiza, que es la mayoritaria, vemos actitudes y complejos de superioridad, indiferencia, negación, rechazo de la identidad indígena y afán de blanquitud. Es común en algunas regiones y sectores referirse a la población mestiza como renegados o enajenados. En este contexto, la discriminación lingüística se acentuó y se desarrolló una serie de estereotipos que asociaban el uso de la lengua indígena con ignorancia, pobreza y analfabetismo, y la noción de dialectos para referirse a las lenguas indígenas quedó instalada en el inconsciente colectivo mestizo.

La consolidación de una sociedad mestiza aculturada a la visión occidental provocó el rechazo de las lenguas indígenas y todo lo que tuviera que ver con lo autóctono. La diversidad cultural y lingüística fue rechazada, negada y combatida. El término indio o indígena se usó en sentido peyorativo para discriminar. De este sector de la sociedad —la mestiza— es de donde se ha sentido por parte de los indígenas la mayor carga discriminatoria hacia sus lenguas, sus culturas y color de piel.

Ante este panorama, el principio de territorialidad que rige la conformación de los sistemas de gobierno de los pueblos indígenas se ha ido desmembrando, quedando como único reducto de sobrevivencia lo comunitario, como una unidad mínima de resistencia, identidad y patrimonio. Esto tendría que ser la base sobre la que tendríamos que reconstituirnos como pueblos, como naciones, como sociedades, como civilizaciones, antes de que se pierda. Respecto de las lenguas indígenas, principal elemento de cohesión, expresión, reflexión, saberes e identidad, a pesar de que han sido minorizadas y sin tutela constitucional, se reconoce que son un potencial enorme tanto para las comunidades que las hablan como para la humanidad.

PORVENIR DE LAS LENGUAS INDÍGENAS

Este panorama político nacional, expresado en síntesis, es en el que se desarrollan las acciones de preservación, mantenimiento y desarrollo de las lenguas indígenas. Un recurso legal importante es la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos y Comunidades Indígenas decretada en 2003, que si bien es secundaria y segregacionista, constituye un instrumento importante al reconocer el carácter nacional de las lenguas indígenas al igual que el español. El Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), con limitadas atribuciones para incidir de manera directa en el más alto nivel de gobierno, al ser una instancia sectorizada, diseñó sus estrategias desde una perspectiva intracultural, aunque, por ahora, con métodos, instrumentos e indicadores occidentales. La perspectiva es transitar del monolingüismo al plurilingüismo como política lingüística de los pueblos indígenas, como un ejercicio de soberanía lingüística en el marco del reconocimiento de la autonomía y libre determinación de los pueblos indígenas, expresada en el Artículo 2 Constitucional. Esta perspectiva busca ser confluyente y ascendente, arrancar desde lo comunitario, permear lo regional e incidir en lo nacional en aras de poner en la agenda nacional la perspectiva de un Estado mexicano ampliado.

El carácter descentralizado del INALI permitió, en una primera fase, sentar las bases para un trabajo de planificación lingüística comunitaria de largo alcance de tipo comunitario y regional. Se conjuntaron las acciones de normalización de la escritura de las lenguas indígenas realizadas y en curso con los procesos de institucionalización de las mismas. Desde los referentes académicos occidentales se trataba de incidir en el corpus y el estatus de las lenguas con las que ya se estaban trabajando, alrededor de 22 con normas de escritura inscritas en el Diario Oficial de la Federación como documentos oficiales. La situación de alto riesgo en la que se encuentran algunas lenguas forzó a pensar en estos casos en el diseño de planes de salvaguarda. Aunado a lo anterior se reorientaron las acciones de formación de intérpretes y traductores, las campañas de difusión y la publicación de materiales. La experiencia comunitaria desarrollada ha sido posible hoy en día porque se cuentan en las comunidades con profesionales indígenas formadas por instituciones de educación superior como el Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) y la Universidad Pedagógica Nacional en el campo de la investigación y la docencia.

Sin un presupuesto extraordinario, en 2022, y ante la amenaza de fusionar al INALI a otro sector, se logró conformar el Plan de Acción del Decenio Internacional de las Lenguas Indígenas (DILI 2022-2032), bajo el lema: “Nada para nosotros sin nosotros”, adoptado en el Congreso Internacional de Lenguas en Riesgo, efectuado los días 25 y 26 de febrero de 2020 en el Complejo Cultural Los Pinos, matizado en el evento de alto nivel “Construyendo un Decenio de Acciones para las Lenguas Indígenas”, organizado por la UNESCO y el gobierno de México y expresado en la Declaración de Los Pinos (Chapoltepek), documento signado por los participantes del foro mencionado.

En la convocatoria del INALI para construir el plan de acción participaron académico(a)s, activistas, guardiane(a)s de la palabra, promotore(a)s, escritore(a)s, autoridades, colectivos y asociaciones civiles, a partir de una estrategia de regionalización del país de manera que hubiera presencia de la mayor parte de las lenguas indígenas (Norte, Bajío Pacífico, Centro-Huasteca-Golfo, Pacífico Sur y Sureste-Mayab). En un ejercicio sin precedentes, el INALI logró conformar un Plan de Acción Nacional consensuado por todas las regiones en el foro Presentación del Plan de Acción de México (14 de octubre de 2022). Se entregó al representante del presidente de la República con tres propósitos: mostrar la capacidad organizativa de los pueblos indígenas para diseñar su plan de acción; proveer al presidente y al gabinete del sector de Cultura, Educación y Pueblos Indígenas de un documento que expresara el posicionamiento de los pueblos indígenas respecto del DILI (2022-2032); y responder a los compromisos internacionales suscritos por México ante la UNESCO.

El principio de centralidad de los pueblos indígenas en la construcción del Plan de Acción del Decenio marcó y reorientó la visión y misión del INALI, así como sus programas, proyectos y acciones en territorio. Lo que se espera en esta perspectiva es impulsar acciones autogestivas de regeneración cultural, planificación lingüística comunitaria de impacto local y regional. Atraer, participar y reorientar el proyecto de educación indígena intercultural del Estado, con miras a contribuir, desde las lenguas indígenas, en temas más amplios como la autoreconstitución étnica–territorio-Nación, la pluralidad epistemológica y en la unidad política social de los pueblos indígenas como una coalición compacta con capacidad para lograr acuerdos multilaterales en igualdad con el Estado mexicano.

4 de agosto de 2023

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JUAN GREGORIO REGINO, poeta shuta enima, o mazateco, originario de Paso Nuevo Nazareno, Oaxaca. Sus poemarios son No es eterna la muerte/Tetsjejin nga kjabuya, Que siga lloviendo/ Ngata’ara stsee, Lugar de imágenes. Autor del alfabeto mazateco, actualmente es director del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas.

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