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Y LA PALABRA SE HIZO AGUA... / 321

PEDRO UC

La palabra es un ente de poder, es creadora, es madre, es formadora, es talladora, es artista. Dicen los libros antiguos como la Biblia que la palabra creó el mundo, que además se hizo carne, se convirtió en un ser humano; así mismo lo consagra el Popol Vuj, “cuando llegó la palabra” entre los padres y madres primeras la juntaron y decidieron crear la tierra con esas palabras reunidas. Así lo cuentan dos culturas distintas y distantes pero coincidentes en este pensamiento.

Este origen que parece ser parte del origen sigue siendo una palabra creadora, no ha perdido su vitalidad ni su propósito, sólo la palabra nos comunica o nos separa, nos agrupa o nos dispersa, nos confronta o nos coaliga. En el Popol Vuj se nos dice que los primeros padres y madres estaban en el agua cuando les llegó la palabra, no sabemos si la palabra fue nacida por el agua o viceversa, lo que nos queda claro es que agua y palabra son cocreadores, así como la palabra se hace agua, el agua se hace palabra y vemos su gloria.

Hago esta reflexión debido a que en estos tiempos la palabra está en crisis y el agua también, las dos han sido contaminadas, usadas y abusadas, las han convertido en mercancías permitidas o clandestinas, las usan como proyectiles de muerte y también sujetos a perseguir para encarcelar, amenazar y destruir. Las palabras verdaderas las han convertido por el poder político en no-palabras, en mentiras, los ce notes de agua virgen los han convertido en piscinas de aguas muertas, en una celda de encarcelamiento para el placer de la anti-palabra, de la sequía, del vacío. Hay una guerra declarada en contra del agua, la han esclavizado, pero le llaman concesiones, así matan dos pájaros en un solo tiro, usan la palabra para justificar la esclavitud del agua.

Pero la palabra no ha perdido su naturaleza artística y creadora, ni el agua ha perdido su pureza a pesar de esta masacre que se implementa sobre ella. En un día como hoy, 13 de enero pero del año 2018, la palabra se hizo convocatoria, nos llegó desde diferentes rincones de la Península de Yucatán, nos hizo escuchar que la laguna Chichank’anab estaba en riesgo, que los montes o selvas de los campesinos están siendo invadidas por grandes molinos de viento, que millones de extraños cerdos bañan con su excremento los cenotes donde toman agua nuestros padres y madres más primeros y que un tren está a punto de abrir el vientre de nuestra madre tierra y tapar sus cenotes de aguas limpias.

La palabra se hizo tristeza, llanto, rabia, pero también Asamblea, y se autonombró Múuch’ Xíimbal, así empezó su caminar esta palabra, ya son seis años de peregrinación, de éxodo, de migración y de diáspora de muchas comunidades mayas en esta lastimada Península llamada Yucatán. Pero la palabra sigue abrazada del viento, de Yuum iik’, recorriendo en cada uno de nosotras, de nosotros la piel de nuestro territorio para sanar sus heridas propinadas por gobiernos de derecha y de esa izquierda llamada cuarta transformación; vaya que ha transformado nuestro territorio, donde estaba la selva y las aguas del cenote, hoy son montones de metal ruidoso montado por extraños, como los de hace más de 500 años, que recorren mil 500 kilómetros de nuestra lastimada piel para burlar nuestra fe, nuestro pensamiento, nuestro corazón y nuestra palabra.

Sin embargo, la palabra sigue siendo creadora, abrió mares, movió montañas, hizo al sol y la luna, es luz y colores. El agua es casa de nuestros padres y madres, ahí estaban Tepeu y Gucumatz cuando les llegó la palabra creadora y formadora. Un tren, aunque sea militar no la va a detener, la palabra del agua de los cenotes al juntarse se hizo la No- Radio Múuch’ Xíimbal, donde las niñas, los niños, los abuelos, las abuelas y los jóvenes como Tepeu y Gucumatz están en asamblea circulando la palabra en el territorio maya peninsular. Hoy cumplimos seis años.

La palabra también se hizo Yuum K’áax, en cada árbol, en cada arbusto, en cada yerba, en cada fruto, en cada flor, en cada raíz está la palabra en forma de agua y resina; eso no le importó al tren de la muerte, enfiló sus maquinarias y arrasó con cientos de kilómetros de palabra hecha selva, de agua hecha monte. Los hijos e hijas de la selva huyeron despavoridos a otros espacios en los que aparecieron atropellados, sin embargo, el poder electoral es mágico, desaparece a los desaparecidos en sus municipios mágicos, cada mes renueva la lista y los jaguares, osos hormigueros, tigrillos, zarigüeyas, venados, mariposas, pájaros y muchos hermanos y hermanas nuestras nunca estuvieron en la lista de desaparecidos. Yuum K’áax no se rinde, es palabra, es palabra creadora, es palabra en resistencia, es palabra comunitaria, es palabra tejida en asamblea, asamblea que camina junta.

La palabra se hizo Yuum Cháak, ese padre y madre creadora que moja la tierra para nacer las plantas y alimentarlas, la lluvia es una palabra fuerte, en cada nube lleva un calabazo para alimentar a sus hijas e hijos, es una palabra que recorre los cielos para encontrar la tierra en la que pone sus pies entre la esperanza y el dolor. La anti-palabra la intenta controlar para convertirla en una mercancía más, pero la palabra es filosófica, se hace, se rehace, se nace y se renace para sus hijos como la lucha de una madre buscadora de un hijo desaparecido. Los ejemplos de lucha están en nuestros padres y madres creadores y creadoras, Yuum iik’, Yuum K’áax y Yuum Cháak son padres y madres de la comunidad maya, a ellos/ellas nos debemos, somos y estamos, hoy en día han escapado de cualquier colonización estratégica y violenta, hasta el día de hoy nos siguen hablando en lengua maya, hasta el día de hoy hacen su asamblea con el fin de caminar juntos.

La comunidad maya de la Península de Yucatán que nace del agua y del maíz ha sido despojada de su territorio por el Estado colonialista, así como todos los demás pueblos originarios del país y del continente, sobre los escombros de pueblos indígenas que dejó su “guerra” hizo sus leyes de apropiación del territorio como su botín principal y declaró que es dueño único de la tierra, de las aguas y de lo que esté encima de ella y debajo de la misma. Entonces se dedicó a “concesionar” el agua a sus privilegiados, que primero les decían revolucionarios, luego conservadores de derecha y ahora agentes de la cuarta transformación. Algunos apellidos coinciden casualmente con los revolucionarios y conservadores de derecha del pasado reciente —por ejemplo, Alfonso Romo es quien tiene la mayor concesión de agua en Yucatán, ha sido jefe de la oficina presidencial del gobierno que sirvió como conexión con otros empresarios como Carlos Slim, Larrea y Salinas Pliego, entre otros.

Nos han quitado la tierra, nos han arrebatado el territorio, nos han robado sus aguas, las aguas de las lagunas, de los cenotes y también la lluvia, nuestra razón de lucha se hace mayor, es necesario cuidar la palabra, es urgente circularla, nos hace falta honrarla para que recupere su potencial como madre creadora, no podemos seguir emitiendo sonidos de nuestra boca para confundir más a la gente como lo hacen los partidos políticos y muchos grupos religiosos, ellos confunden las palabras con el ruido porque es la estrategia de conquista y colonización. La palabra está en el agua, está en los árboles, está el viento, es el ik’ilt’aan que piensa en su par, en ser comunitario, es la palabra que deslinda, que surca para hacer asamblea y alejar el ruido desestabilizador. Como mujer, como hombre, como pareja, como familia y como comunidad dice nuestro corazón:

Se han secado

Secos despertaron mis labios,

buscaron precipitados los tuyos

pero también se habían secado.

No es la falta de besos,
ni la falta de humedad de tu cuerpo.

Es la lluvia que desarraigaron
los blancos guardianes de monte,
los patronatos premios contra la milpa, los rasgos de billetes verdes,
es la complicidad del indio vacío.

Secaron los cenotes sagrados,
convirtieron mi calabazo en coca cola,

intoxicaron tu pezón con pócima,

petrolizaron mi jícara de pozole
y tus labios lo convirtieron en desecado pez.

Se han secado mis labios,
se han secado tus labios,
se han robado nuestras aguas, sólo nos queda el amor,
pero ¿cómo humedecerlo?

Tikintak

Tikin u bóoxel in chi’ aajik bejla’e’
ka’aj jo’op’ u téetek kaxtik u ch’uulil a ti’ali’

ba’ale’ ts’o’okili’ u tijil xane’.

 

Ma’ yo’olal ma’ ts’u’uts’a’ani’,
mix yo’olal ma’ susulkilil a wíinklili’.

 

Leti’e’ Yuum Cháak áalkabeensa’ab

tumen le j náajal kalank’áaxo’,
u bo’olil ma’ u beeta’al kool,
u ya’ax taak’inil u nu’ukbesa’al ba’al,

leti’e’ táakpajal ichil le j ka’p’éel icho’obo’.

 

Tu tikinkuunto’ob le kili’ich ts’ono’oto’,
tu suto’ob coca colail in chúuj,
tu jo’oso’ob u xo’ochel u pool a wiim,
tu tselo’ob u piixan u luuchil in wo’och k’eyem,
u ts’ooke’ tu jaik’iinto’ob beey tikin kay u bóoxel a chi’e’.

 

Ts’o’ok u tijil u bóoxel in chi’,
ts’o’ok u tijil u bóoxel a chi’
ts’o’ok u yokolta’al k o’och ja’,
chéen k yaakunaj p’aatalto’on,
ba’ale’, bix ken k máans u yuuk’aajil túun.

 

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