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LA HISTORIA DE LOS BATSIL WINIK’O’OB CONTADA POR UNA MUJER

SILVIA CRISTINA LEIRANA ALCOCER

[Ruperta Bautista, Ixbalam-ek’ / Estrella Jaguar, Ilustraciones de Roberto Alonso Gordillo Pérez (Cohete con Dientes), Oralibrura Cooperación Editorial, Ciudad Nezahualcóyotl, México, 2023, 157 pp.]

 

Novela histórica, polifónica y polisémica, que recrea la vida en tiempos del clásico mesoamericano. Su epígrafe alude a una voluntad pan-mesoamericana: Nezahualcóyotl, el gran poeta de Nuestra América antigua, pregunta: “¿Adónde iremos al fin / los que estamos aquí sufriendo, oh príncipes? / Que no haya infortunio. / Él nos atormenta, él es quien nos mata. / Esfuércense, todos nos iremos al lugar del misterio”. Esta estrofa evoca la zozobra del individuo preguntándose qué hay más allá de la muerte.

Escrita en batsil k’op, su lengua originaria, en la traducción al español la novela conserva varias palabras de su idioma, lo que motiva a los lectores de la traducción a conocerlo.

El narrador de Ixbalam-ek’ / Estrella Jaguar inicia describiendo el ambiente, al relatar un día común (aunque luego se verá que no es tan común ese día) en la vida del pueblo batsil winik’o’ob. Se crea en la mente del lector la algarabía de la gente comprando en un mercado, y vemos a la vez la diferencia y la similitud con los humanos de todos los tiempos: un niño llora porque su padre no ha aceptado hacer el trueque por una tortuga, hay madres cargando a sus hijos, gente subiendo, bajando, regateando. Este bullicio contrasta con la situación de la gobernante, Ixbalam-ek’, quien, con la salud mermada, recuerda con nostalgia otra situación triste.

Ambientada en el auge de la civilización maya, aunque siempre en tercera persona, alternan la perspectiva de la gobernante, y la de su vocero y asistente, Komkom.

El narrador omnisciente nos muestra las acciones de los personajes en un relato puramente diegético, pero que en todo momento atraviesa la vivencia cotidiana para presentar la religiosidad con sus rituales, la concepción del tiempo, las estrategias —podría decirse ardides— gubernamentales.

A los ojos del lector, Ajkin y Yumkimil han llegado por Ixbalam-ek’. Las visiones propias del trance religioso, acaso las deidades, o quizá los humanos representantes de las divinidades en la Tierra, interactúan con los personajes, lo que permite adscribir esta novela a lo real maravilloso, pues hay lugar a varias plausibles interpretaciones: la sobrenatural y las causales. Komkom en todo momento auxilia a la reina, quien convulsiona por la fiebre. Tanto en los recuerdos de Ixbalam-ek’ como en las vivencias del tiempo del discurso, se hace presente la visión cíclica del tiempo, en la cual pequeños accidentes, si ocurren con animales u objetos cargados sémicamente de valor ritual presagian desgracias inminentes. Por ejemplo cuando “un búho blanco choca con la cabeza de Jsakbalam, le tira el tocado que rueda por la plataforma […] Los Ajmen asustados corren a levantar el tocado, lo revisan y acomodan nuevamente en la cabeza de Jsakbalam, una piedra de jade que simula el ojo de un tigre se ha desprendido” (Bautista, 2020: 85).

La temporalidad en zig zag obliga a los lectores a estar atentos, pues el tiempo del discurso es el de Ixbalam-ek’ enferma, pero a menudo las analepsis nos llevan a los hechos que darán pie al nudo de la historia: “A Ixbalam-ek’ la persiguen los recuerdos: dentro del Palacio el silencio. Ixbalam-ek’ y Jsakbalam, desde hace tres días y dos noches, ayunan para evitar la guerra de las cuatrocientas estrellas” (p. 87).

También se nos da una visión diferente a la que siempre hemos creído del papel que jugaron las mujeres en los tiempos prehispánicos: la protagonista es una guerrera eficaz en el frente de batalla y lucha cuerpo a cuerpo por su pueblo. Se alternan las historias Ixbalam-ek’ y de Komkom; los nombres de los personajes y de los lugares remiten al simbolismo religioso del pensamiento maya, por ejemplo, al asesor de lxbalam-ek’ “le habían puesto por nombre Komkom, en honor al enano descendiente del rayo y como agradecimiento a los dioses, por haberles regalado el hijo del espíritu de la montaña” (p. 97).

Por momentos parece tratarse de una novela costumbrista, etnográfica, que enseña la forma de vida de nuestros antepasados. Nos muestra detalle a detalle rituales curativos, autosacrificios propiciatorios, el significado simbólico de nombres de personas y lugares. Como ejemplo citaré la oración de Komkom para pedir perdón a la Tierra por su atrevimiento, haciéndose responsable por haber incentivado a su amigo a cometer una falta de respeto que le pudo costar la vida; así Komkom, al llevar a cabo la ceremonia, reza: “Señora madre, aquí venimos humildemente a molestarte, a que nos perdones, a que perdones nuestro descuido. Regresa a mi amigo, que vuelva a su casa, que regrese a su cuerpo, por favor, permítele que sus ojos sigan viendo la salida y la entrada de muchos soles” (p. 99).

La tensión se siente cuando Ts’ibob hace el mural en homenaje a K’inoob. Nos encontramos ante otro hecho que nos permite clasificar la historia dentro de lo real maravilloso: cada vez que intentan pintar al fresco la imagen de K’inoob se dan cuenta que han representado a otra persona. Y de nuevo la polisemia: la transformación, ¿es producto del cansancio por el extenuante trabajo que están realizando los cinco artistas día y noche? ¿O es en la pared que ocurre una transfiguración milagrosa? (pp. 109-111).

Los juegos con el tiempo, prolepsis y analepsis, contribuyen a mantener el suspenso, a dosificar la información para el lector manteniendo así la atención del lector.

La historia es circular, inicia con la protagonista al borde de la muerte y a través de sus recuerdos vamos conociendo toda su historia. Los planos temporales se mezclan en contrapunto: el presente del relato, donde la protagonista está a punto de morir, es interrumpido por las analepsis que se intercalan, llevándonos a la infancia y adolescencia de Ixbalam-ek’ y también de Komkom.

La novela presenta intertextualidad con el Popol Vuj: “Cuatro Ajmen se distribuyen en cada una de las esquinas del aposento, depositando incensarios en el suelo, después permanecen en pie, dentro de sus ropas sacan un Tsu, fruto del árbol de los Gemelos Sagrados, lo acomodan entre sus labios y soplan suavemente haciéndolos sonar” (p. 125). Ixbalam-ek’ es un libro denso, que se lee con los cinco sentidos, pues exige la atención del lector a quien lega el conocimiento de la forma de vida de nuestros ancestros.

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