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LAS LUCHAS POR EL AGUA Y LA TIERRA EN LA SIERRA NOROCCIDENTAL DE PUEBLA / 326

ELIANA ACOSTA MÁRQUEZ

Huauchinango, Puebla

 

En esta región de diversas cuencas, con presencia de agua subterránea y bosques, han coexistido pueblos totonacas, otomíes, nahuas, tepehuas y gente mestiza. 1 La diversidad de ecosistemas presentan hoy un creciente deterioro y múltiples impactos socioambientales. El bosque mesófilo de montaña en esta región se distingue por sus especies endémicas y ha sido reconocido como sistema prioritario para la conservación. No obstante, hoy es uno de los ecosistemas más críticos y amenazados, y es notable el deterioro creciente del bosque y su condición fragmentaria. Lo es también la merma de agua.

En torno del binomio agua-cerro, que históricamente ha representado y ha sido una expresión de las comunidades y su hábitat, se identifican lugares de memoria, tiempos y espacios originarios que recrean cíclicamente en sus fiestas, a través de los cuales se han constituido los ámbitos de comunidad. El interior de los cerros conforma lugares de abundante “agua y riquezas” y son “semillero de todo cuanto hay”. Junto con el líquido vital se encuentra el espacio donde se cultiva la milpa, se cazan animales y se recolectan plantas comestibles, medicinales y propias de otros usos, además de ser morada de los guardianes del territorio, entidades extrahumanas con las que se establecen relaciones que regulan el uso y cuidado de los bienes comunes.

Los cerros junto con los manantiales, los bosques y otros constituyentes del entorno son morada de dueños, señores o guardianes asociados con poderes y dominios específicos, generalmente identificados con los mantenimientos; en náhuatl se nombran como itekome —la Dueña del Agua, del Monte, de los Animales o de las Semillas—, con los que se establecen diversas formas de intercambio que ponen en movimiento una compleja circulación y economía ritual entre humanos y potencias extrahumanas. La constitución de la vida pero también su deterioro se juega en el vínculo con estas entidades y también con los aires, los santos y los ancestros, conformando así una comunidad devenida en el tiempo y en contigüidad con el territorio.

Entre los pueblos originarios de la Sierra Noroccidental de Puebla es compartido un sentido y trasfondo cosmológico y ritual del agua expresado por medio de diversas personificaciones y formas expresivas de origen nativo, católico e híbrido. Además de un elemento imprescindible para la reproducción de la existencia, es un complejo de relaciones, matriz cultural y enclave de la memoria que articula la vida comunitaria en el territorio. Aparte de identificar el agua como un valor de uso que dista de una valoración cosificada o mercantil, es evidente la vigencia de una concepción del agua como un legado de los antepasados, cuerpo y don otorgado por una entidad viva y ancestral que han personificado y nombran como Atlanchane, Tehe Pomo, la Sirena y Santa Catalina, o asocian con el Xihta, el Margarito o el Señor Santiago. No extraña entonces que entre múltiples transformaciones e impactos sociambientales, el agua, la tierra, los cerros, los bosques y los manantiales históricamente sean la base de múltiples luchas en la sierra. No sólo es el trasfondo histórico y cosmológico del altepetl, el vínculo con el binomio agua-cerro muestra la valoración de lo propio y su actualidad y vigencia en una región donde actualmente las comunidades indígenas se sustentan a través de una economía diversificada.

Se mantiene una producción de alimentos para la subsistencia basada en el maíz, el frijol, el chile, la calabaza, el alverjón y el cacahuate, complementada con la recolección de frutos y legumbres variados y consumo de animales de corral y actividad ganadera. Se suma la venta del café como principal cultivo comercial o bien de la producción de artesanía o el trabajo temporal en la construcción, fábricas y servicios, así como la labor como empleados del gobierno, profesores, taxistas o comerciantes. Hay familias que viven de las remesas de los hijos que migraron de manera permanente a los Estados Unidos.

Aun con la celeridad de los cambios y la transformación de las condiciones de vida, los pueblos siguen sembrando, producen milpa y se organizan para proveerse del líquido vital y hacer fiesta al agua. Aun con la lógica más generalizada de vender la tierra y desplazar la milpa, hay quienes la mantienen, procuran y defienden, comunidades que aún luchan por la restitución de las tierras.

 

ANTE UN PROYECTO A GRAN ESCALA: EL GASODUCTO TUXPAN-TULA

La resistencia congregada en el Consejo Regional de los Pueblos Originarios en Defensa del Territorio de Puebla e Hidalgo evitó que el gasoducto Tuxpan-Tula de la empresa canadiense TC Energy, antes TransCanadá, cruzara su territorio en los municipios de Pahuatlán, Tlacuilotepec y Honey, del estado de Puebla, y de Tenango de Doria, Hidalgo. Conformado por población nahua, otomí, totonaca y mestiza, el Consejo Regional conjuntó la movilización social con la lucha legal, en particular, a partir del recurso de amparo y del litigio participativo enmarcado en la reivindicación de la identidad indígena y la defensa de los bienes comunes, especialmente el agua, el bosque y la milpa.

En la comunidad ñahñu de Chila, del municipio de Honey, Adriana Hidalgo, que investiga la región, deja ver la agencia del Margarito (el cerro sagrado de la comunidad donde cada año en mayo se lleva a cabo su fiesta) contra la implementación del gasoducto y antes frente al ferrocarril.

“Yo hablo con él cuando vengo y cuando sueño, Margarito se viste con un traje azul y cuando hay bronca él me avisa para que no pase nada, para que no le quiten su agua. Esa agua que está allá atrás, esos manantiales son los que mantienen a todo el pueblo. Aquí iban a pasar unas vías del tren y él no dejó, ya van dos cosas que no deja que pasen. Cuando lo del gasoducto él se me apareció y me dijo que no dejara que pasara y hasta nos peleamos con mi compadre que estaba él de presidente, porque él me dijo que defendiera su agua y su cuerpo, así como él nos da todo y protege”, dice este testimonio que bien puede identificarse como una nota de cosmopolítica, pues expresa la concepción generalizada en la Sierra Noroccidental de Puebla, donde los cerros no sólo tienen nombre, están emparentados y tienen hijos. Se establecen vínculos y filiación entre estas entidades y las comunidades. En Atla, población nahua del municipio de

Pahuatlán, en el Cerro Boludo donde habita la Sowapilli, una suerte de entidad tutelar de las parteras, adivinas y el bordado, ahí en la elevación se encuentran las niñas y los niños que todavía no nacen. Afirman en esta comunidad: “El cerro de la bola es mujer, por eso nosotros le decimos Sowapiltepetl en mexicano. Los niños y las niñas es la bola. Sowapili no se va a ir porque tiene muchos hijos y tiene mucho hilo para bordar”. Los promotores del gasoducto han omitido el vínculo de las comunidades con su territorio y el reconocimiento de pueblos indígenas de las poblaciones afectadas. Una de las consecuencias ha sido justamente la valoración de lo propio, la reafirmación de identidad indígena y la reivindicación de la autodeterminación y la garantía de la consulta. Como se ha demostrado ante múltiples emprendimientos, una de las primeras estrategias de las empresas es la falta de reconocimiento de los pueblos como comunidades indígenas para eludir la consulta a los pueblos originarios conforme al Convenio 169 de la OIT.

 

LAS MUJERES Y LA LUCHA POR LA AUTODETERMINACIÓN

El cambio de ruta del gasoducto Tuxpan-Tula fue anunciado por Andrés Manuel López Obrador en enero de 2020 en la comunidad de San Pablito y se formalizó en diciembre de 2021 por la Comisión Federal de Electricidad cuando dio a conocer la alianza con TC Energy y la ampliación de los ductos en territorio nacional, en particular el emprendimiento Puerta Sureste. En la actualidad no se tiene certeza de la nueva ruta, aunque por parte de la Secretaría de Energía se ha anunciado su construcción en los municipios poblanos de Xicotepec y Huauchinango y de la lista de comunidades que se dio a conocer, de igual manera que con el trazo inicial, destaca el no reconocimiento de comunidades indígenas.

En la comunidad de Tlapehuala destaca la lucha por la autodeterminación política encabezada por las mujeres e iniciada en 2018 con un plebiscito y la consecución de la Presidencia Auxiliar durante la Administración 2022-2025. Ahí, una de las regidoras advierte sobre una incursión de la empresa para el nuevo trazo del gasoducto.2

“Nos llegó de sorpresa un trabajador de la empresa. Supuestamente venía de la CFE pero en realidad yo digo que no era así, y llegó nada más a decirnos que ya venía a ver por la línea del gasoducto, pero nosotros no teníamos conocimiento de ello y nos dice: aquí ya está el permiso, ya nada más vamos a trabajar. Estábamos ahí por casualidad y les decimos que no, aquí nadie ha pedido permiso, nosotros como comunidad no está informada sobre estos proyectos. Cómo que se preocupa y nos preguntó por qué no quieren, es algo que les va a traer mucho trabajo, empleos, pues sí, pero nos va a generar una cosa y nos va a destruir otra cosa que es lo más importante, la vegetación, los animales. Con suerte que estuvimos ahí todas las mujeres, las regidoras”.

Actualmente en Tlapehuala se está viviendo un proceso de autodeterminación política que ha establecido que el gasoducto y otros megaproyectos no entren. Se ha orientado a la gestión comunitaria de sus fuentes de agua, así como al fortalecimiento del trabajo comunitario, su identidad cultural y sus actividades productivas como pueblo campesino, milpero y cafetalero.

No obstante, Tlapehuala es una expresión de las paradojas que actualmente se viven en la Sierra Noroccidental de Puebla. En la región aumenta la deforestación de los bosques y, en particular, la fragmentación del bosque mesófilo de montaña, ecosistema que ha sido propicio para la vida de múltiples especies endémicas. Es notable también la contaminación de los ríos junto con la merma del agua subterránea que se encuentra entreverada en las montañas con sus manantiales que proveen del líquido vital.

La merma de los bosques y de las fuentes de agua por la extensión de la ganadería ha estado aparejada al desplazamiento del policultivo por el monocultivo, de las semillas nativas y criollas por las comerciales. En las últimas décadas Nestlé ha acaparado la producción de café y ha promovido el cultivo de la semilla robusta en lugar de la arábiga y otras semillas criollas. Junto con el acaparamiento de la producción, los campesinos han tenido que enfrentar la extensión de las plagas, las cuales asocian con la entrada de las semillas y el paquete tecnológico promovidos por la corporación multinacional.

 

EL CACIQUISMO Y LA RESTITUCIÓN DE LAS TIERRAS

Unas cuantas familias, identificadas localmente como caciques, controlan los partidos políticos y son los que históricamente han acaparado la tierra y promovido el cambio de uso de suelo en detrimento de la producción campesina milpera-cafetalera.

El deterioro socioambiental es concomitante a la concentración de la tierra y el agua por los caciques, quienes han promovido la ganadería extensiva, la expansión de monocultivos, el modelo extractivo y la propagación de megaproyectos. Entre la década de los sesenta y setenta se agudizó el desplazamiento de la tierra de cultivo por plantaciones ganaderas y la producción de monocultivos bajo la promesa de la modernización del campo, periodo en el cual hubo en la región una lucha cruenta por la tierra, tanto por la exigencia de dotación bajo la resolución del Estado como por la toma de tierras en el contexto del Movimiento de Liberación Nacional y la presencia de la Central Campesina Independiente (CCI).3

La matanza de Monte Chila en los 1970 es una expresión de la lucha agraria de ese periodo durante el gobierno estatal de Rafael Moreno Valle en Puebla y de Gustavo Díaz Ordaz en la presidencia. La ocupación de tierras por parte de agraristas acusados de delincuentes y presos fugados fue reprimida por el Ejército. Oficialmente hubo cerca de 20 muertos, otros testimonios aseguran que fueron cerca de 300 y que años después daría lugar a un proceso de persecución y desaparición de agraristas en la región.

Actualmente la comunidad de Papaloticpan en el municipio de Tlacuilotepec está luchando por la restitución de tierras y contra el caciquismo. Al respecto rememora uno de los defensores de la tierra que la comunidad se llamaba Totonyakat, Tres lagunas, de las cuales ya sólo quedan dos pues una de ellas ya no existe por la construcción de la autopista. Durante el periodo colonial, se juntó la comunidad totonaca para comprar la tierra, lo cual consta en los títulos del pueblo de San Francisco Papaloticpan que demarca los linderos de dicha población del año de 1714, cuya copia fue certificada en 1870. Desde entonces esas tierras siguen acaparadas por los caciques y explica este campesino: “Así estamos, hoy en día esas tierras nos las quitaron los ricos y no hemos podido como indígenas dar la batalla, nos han negociado, ellos tienen dinero, pueden hablar. Nosotros carecemos de todo, tanto del dinero como de la autodefensa […] Nuestro documento sabemos que tiene validez porque es original, sin embargo, nunca hemos dejado de ser pobres y nos siguen negociando en los juzgados por los ricos, ellos llevan un millón de pesos, ni la barriga llevamos llena siquiera y es ahí la lucha que estamos teniendo”.

No sólo es una lucha por la memoria y el reconocimiento cabal del derecho de los pueblos indígenas, el control político y económico de los caciques es un problema no resuelto en la región. Las familias que han gobernado por décadas la Sierra Noroccidental de Puebla han sabido transfigurarse e integrarse al ahora partido mayoritario o a los partidos satélites y son quienes han acaparado las principales candidaturas. En Morena coexisten los caciques y quienes han luchado históricamente por la tierra, generando múltiples contradicciones al interior, las cuales ahora enfrentará la nueva administración encabezada por la primera presidenta del país.

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Notas:

1. https://www.ceccam.org/territorios-agua/

2. Véase el documental Tlapehuala. La lucha de las mujeres por el bien común, en: https://www.youtube.com/watch?v=1KqpeYI6Ok

3. Itzel A, Olivo Velázquez. Y por la Tierra la Vida. Monte de Chila y el inmutable silencio. Tesis de Maestría en Historia, BUAP.

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